Me refiero al instante en el que inesperadamente una pieza del tablero se acerca a ti y te susurra “Jaque mate”, con una frialdad que no admite réplicas. En ese momento sientes que todo se derrumba y que el horizonte que antes te parecía "infinito", ahora sea estrecha hasta volverse un punto diminuto.
Y en la soledad de las noches en las que el sol no sale nunca la sombra de la muerte te roza y trastoca, entre la incredulidad y el miedo, algo dentro de ti. Lo que antes pasaba inadvertido por cotidiano —un gesto, una voz, un amanecer cualquiera— ahora es un privilegio y empieza a brillar con una intensidad desconocida. Quizás pienses que no has amado lo suficiente, no solamente a los tuyos sino a esta experiencia en la que a pesar de sus grietas y lágrimas no deja de ser un regalo efímero y exclusivo al que ahora te aferras y amas como si el amor fuera tú único salvavidas.
Quién sabe, es posible que la vida a veces te diga “jaque mate” para recordarte que no se trata de ganar la partida, sino de vivir y amar con pasión esto cosa extraña que es la vida.
