Inmigración en España: cifras reales, problemas y consecuencias
- Soydelogroño
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Hilo de la inmigración en España 🚨✈️📈
Irene Montero dice vociferando con ataque de rabia y echando espumarajos, que hay que acabar con los fachas y fascistas y sustituirlos por inmigrantes.
!Qué me cuentas arradio!!
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Hilo de la inmigración en España 🚨✈️📈
Soydelogroño escribió: Mar Feb 03, 2026 6:00 pm Irene Montero dice vociferando con ataque de rabia y echando espumarajos, que hay que acabar con los fachas y fascistas y sustituirlos por inmigrantes.
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Hilo de la inmigración en España 🚨✈️📈
En todo el mundo se han hecho eco de la medida irresponsable que va a llevar a cabo Pedro Sánchez. En Italia, el grupo europarlamentario de Meloni avisa:
https://theobjective.com/espana/politic ... -schengen/
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Totalmente de acuerdo. El buenismo progresista es un absoluto fracaso.
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Hilo de la inmigración en España 🚨✈️📈
Repasito de Carlos Cuesta al "Dartañán" de Podemos:
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¿Tan difícil es entenderlo? Pues los progres viven fingiendo, en el mejor de los casos, que no entienden algo tan simple.
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Tócate los cojones con el Moha.
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Hilo de la inmigración en España 🚨✈️📈
https://www.eldebate.com/espana/baleare ... 82085.html
Los inmigrantes tienden a votar socialista. En algunos casos -marroquíes, por ejemplo- de forma abrumadora
Si en un país, en un año dado, mueren más habitantes de los que nacen; y si, de los nacidos, entre un tercio y la mitad son de padres de origen extranjero; entonces es obvio que se está produciendo algún tipo de reemplazo poblacional. Reemplazo, sustitución, modificación sustancial de la composición. Lo que ustedes quieran. Luego ya podemos discutir si el origen de ese fenómeno está en tendencias demográficas impersonales, en el azar del ciclo económico, en incentivos políticos o en una conspiración del WEF o los Sabios de Sión. Pero la realidad es la que es: hay ya cohortes en ese país -llamémoslo España- compuestas en cerca de la mitad por hijos de al menos un padre extranjero.
Esta semana han causado alboroto una declaraciones de Irene Montero, en el tono agresivo y mesiánico que es marca de la casa, en las que parecía abrazar una versión positiva de la teoría del Gran Reemplazo. En este caso, el reemplazo no sería tanto racial, que también, sino ideológico: cambiar a “fachas” y “racistas” por inmigrantes. La controversia coincide con otra más amplia sobre la regularización masiva propuesta por el gobierno, que puede afectar a más de 800.000 peronsas y sus familias; y, dentro de esta, con el debate sobre la posible incidencia electoral en el medio o largo plazo.
El oficialismo ha corrido a desmentir que la regularización pueda modificar el censo electoral con las habituales acusaciones de “cuñadismo” y “racismo”, que hay que tomar siempre por lo que son. Pero es evidente que la residencia legal es un paso necesario hacia la nacionalidad, y que en algunos casos esta puede llegar en apenas dos o tres años, lo que permite votar en generales y autonómicas -en el caso de las elecciones locales, los ciudadanos de países con convenios de reciprocidad pueden hacerlo también en plazos no muy distintos sin necesidad de obtener la nacionalidad española. Todo esto sin contar los dos millones largos de posibles solicitantes de nacionalidad en virtud de un precepto de la ley de Memoria Democrática conocido como “ley de nietos”.
De modo que sí hay una afectación potencial al censo. Cosa distinta es que ese sea el objetivo principal del proceso. El presidente del Gobierno ha publicado un artículo en el New York Times -que es donde hay que explicar las cosas- para desgranar sus motivos, y ahí no aparece la creación de nuevas mayorías electorales. Sí, en cambio, los principios. Y el pragmatismo económico: nuestro país no puede funcionar sin afluencia masiva de extranjeros. Son razones apreciables; pero al haberse hurtado a los ciudadanos españoles el debate previo sobre este asunto, solo se puede especular acerca de los verdaderos intereses de Sánchez y los suyos, que no suelen coincidir con lo declarado.
Presión sobre la vivienda
Admite poca duda que la maquinita del crecimiento extensivo del PIB y el intento de ajustar el balance fiscal a corto plazo son parte de la ecuación. Ahora bien, sabemos que el crecimiento español, basado en aumentos de empleo sin mejoras de productividad, y la aportación fiscal del tipo de inmigrante que recibe España, que además ahora percibe rentas públicas y genera derechos futuros, son pan para hoy y hambre para mañana en el mejor de los casos. Y que el crecimiento de población empieza a ejercer una presión sobre la vivienda, los servicios y las infraestructuras a la que no se opone una inversión pública equivalente.
Si a esto le añadimos -de continuar las tendencias actuales- una modificación sustantiva de la demografía española, tanto la regularización en curso como, en general, la displicencia con la que el gobierno y otros poderes e instancias civiles despachan la cuestión migratoria empiezan a parecerse bastante a un fraude democrático. Al tiempo que la preocupación ciudadana sobre el asunto sigue creciendo -en todos los electorados, aunque más en el de la derecha. Y ya sabemos lo que pasa con las realidades ignoradas.
Algunos minimizan el problema de la hipotética modificación del censo: los “nuevos españoles”, mayoritariamente hispanoamericanos, votarían al centro-derecha o, en todo caso, reproducirían los mismos patrones de voto que los españoles viejos. Los datos disponibles para nuestro país, sin embargo, no van por ahí: con la excepción de un par de nacionalidades de origen, los inmigrantes tienden a votar socialista. En algunos casos -marroquíes, por ejemplo- de forma abrumadora. Un cambio de gobierno podría quizás alterar estas tendencias; pero, hoy por hoy, aumentar el censo con inmigrantes es aumentar el voto a la izquierda.
Los casos de Francia y Reino Unido
Una mirada al exterior ayuda a comprender. En Francia los votantes de cultura musulmana apoyan la coalición electoral melenchonista hasta en un 70%. Y ese apoyo se cultiva activamente desde arriba. En el Reino Unido sucede otro tanto con los laboristas, con porcentajes entre el 40 y el 60% según las minorías -y ello a pesar de la fuerte presencia de británicos de origen extranjero entre los cuadros y candidatos conservadores. (Por supuesto, podrían estar operando otras variables, como la renta; pero eso no altera el análisis fundamental.)
España ha dejado de ser aquel outlier europeo tanto en volumen relativo de la inmigración como en percepción pública del fenómeno. En el umbral actual, se dan las condiciones no solo para que el voto de origen migrante sea un factor de peso en el sistema, sino para que la oferta política responda a la nueva realidad demográfica. Por tanto -y al margen de cuáles sean las razones profundas de la regularización-, no es descartable que el futuro sistema de partidos español incluya una o varias opciones nítidamente nativistas; un partido o partidos institucionales con una postura dura pero más pragmática sobre la inmigración; y también coaliciones de izquierda con un fuerte componente de voto de origen foráneo, orientadas estratégica e ideológicamente hacia esos electorados. Como pasatiempo, pueden ir adjudicando a cada opción el color que se les ocurra.
Los inmigrantes tienden a votar socialista. En algunos casos -marroquíes, por ejemplo- de forma abrumadora
Si en un país, en un año dado, mueren más habitantes de los que nacen; y si, de los nacidos, entre un tercio y la mitad son de padres de origen extranjero; entonces es obvio que se está produciendo algún tipo de reemplazo poblacional. Reemplazo, sustitución, modificación sustancial de la composición. Lo que ustedes quieran. Luego ya podemos discutir si el origen de ese fenómeno está en tendencias demográficas impersonales, en el azar del ciclo económico, en incentivos políticos o en una conspiración del WEF o los Sabios de Sión. Pero la realidad es la que es: hay ya cohortes en ese país -llamémoslo España- compuestas en cerca de la mitad por hijos de al menos un padre extranjero.
Esta semana han causado alboroto una declaraciones de Irene Montero, en el tono agresivo y mesiánico que es marca de la casa, en las que parecía abrazar una versión positiva de la teoría del Gran Reemplazo. En este caso, el reemplazo no sería tanto racial, que también, sino ideológico: cambiar a “fachas” y “racistas” por inmigrantes. La controversia coincide con otra más amplia sobre la regularización masiva propuesta por el gobierno, que puede afectar a más de 800.000 peronsas y sus familias; y, dentro de esta, con el debate sobre la posible incidencia electoral en el medio o largo plazo.
El oficialismo ha corrido a desmentir que la regularización pueda modificar el censo electoral con las habituales acusaciones de “cuñadismo” y “racismo”, que hay que tomar siempre por lo que son. Pero es evidente que la residencia legal es un paso necesario hacia la nacionalidad, y que en algunos casos esta puede llegar en apenas dos o tres años, lo que permite votar en generales y autonómicas -en el caso de las elecciones locales, los ciudadanos de países con convenios de reciprocidad pueden hacerlo también en plazos no muy distintos sin necesidad de obtener la nacionalidad española. Todo esto sin contar los dos millones largos de posibles solicitantes de nacionalidad en virtud de un precepto de la ley de Memoria Democrática conocido como “ley de nietos”.
De modo que sí hay una afectación potencial al censo. Cosa distinta es que ese sea el objetivo principal del proceso. El presidente del Gobierno ha publicado un artículo en el New York Times -que es donde hay que explicar las cosas- para desgranar sus motivos, y ahí no aparece la creación de nuevas mayorías electorales. Sí, en cambio, los principios. Y el pragmatismo económico: nuestro país no puede funcionar sin afluencia masiva de extranjeros. Son razones apreciables; pero al haberse hurtado a los ciudadanos españoles el debate previo sobre este asunto, solo se puede especular acerca de los verdaderos intereses de Sánchez y los suyos, que no suelen coincidir con lo declarado.
Presión sobre la vivienda
Admite poca duda que la maquinita del crecimiento extensivo del PIB y el intento de ajustar el balance fiscal a corto plazo son parte de la ecuación. Ahora bien, sabemos que el crecimiento español, basado en aumentos de empleo sin mejoras de productividad, y la aportación fiscal del tipo de inmigrante que recibe España, que además ahora percibe rentas públicas y genera derechos futuros, son pan para hoy y hambre para mañana en el mejor de los casos. Y que el crecimiento de población empieza a ejercer una presión sobre la vivienda, los servicios y las infraestructuras a la que no se opone una inversión pública equivalente.
Si a esto le añadimos -de continuar las tendencias actuales- una modificación sustantiva de la demografía española, tanto la regularización en curso como, en general, la displicencia con la que el gobierno y otros poderes e instancias civiles despachan la cuestión migratoria empiezan a parecerse bastante a un fraude democrático. Al tiempo que la preocupación ciudadana sobre el asunto sigue creciendo -en todos los electorados, aunque más en el de la derecha. Y ya sabemos lo que pasa con las realidades ignoradas.
Algunos minimizan el problema de la hipotética modificación del censo: los “nuevos españoles”, mayoritariamente hispanoamericanos, votarían al centro-derecha o, en todo caso, reproducirían los mismos patrones de voto que los españoles viejos. Los datos disponibles para nuestro país, sin embargo, no van por ahí: con la excepción de un par de nacionalidades de origen, los inmigrantes tienden a votar socialista. En algunos casos -marroquíes, por ejemplo- de forma abrumadora. Un cambio de gobierno podría quizás alterar estas tendencias; pero, hoy por hoy, aumentar el censo con inmigrantes es aumentar el voto a la izquierda.
Los casos de Francia y Reino Unido
Una mirada al exterior ayuda a comprender. En Francia los votantes de cultura musulmana apoyan la coalición electoral melenchonista hasta en un 70%. Y ese apoyo se cultiva activamente desde arriba. En el Reino Unido sucede otro tanto con los laboristas, con porcentajes entre el 40 y el 60% según las minorías -y ello a pesar de la fuerte presencia de británicos de origen extranjero entre los cuadros y candidatos conservadores. (Por supuesto, podrían estar operando otras variables, como la renta; pero eso no altera el análisis fundamental.)
España ha dejado de ser aquel outlier europeo tanto en volumen relativo de la inmigración como en percepción pública del fenómeno. En el umbral actual, se dan las condiciones no solo para que el voto de origen migrante sea un factor de peso en el sistema, sino para que la oferta política responda a la nueva realidad demográfica. Por tanto -y al margen de cuáles sean las razones profundas de la regularización-, no es descartable que el futuro sistema de partidos español incluya una o varias opciones nítidamente nativistas; un partido o partidos institucionales con una postura dura pero más pragmática sobre la inmigración; y también coaliciones de izquierda con un fuerte componente de voto de origen foráneo, orientadas estratégica e ideológicamente hacia esos electorados. Como pasatiempo, pueden ir adjudicando a cada opción el color que se les ocurra.
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Algo "anecdótico" y muy poco estructural, según @Nowomowa.
https://theobjective.com/sociedad/educa ... o-escolar/
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