Este es el nivel de idioteces que nos regalan los liberalillos sionistas españoles como la momia andante de José María Aznar.
Israel: política, seguridad y conflicto en Oriente Próximo 🕍📜🇮🇱
- Zeta
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Israel: política, seguridad y conflicto en Oriente Próximo 🕍📜🇮🇱
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Aznar es subnormal profundo!
Aznar es subnormal profundo!
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Israel: política, seguridad y conflicto en Oriente Próximo 🕍📜🇮🇱
El proyecto del Gran Israel no es ninguna "conspiranoia". Cada vez está más claro el plan de convertir a Israel en una potencia regional aumentando considerablemente su tamaño. Para eso necesitan un entorno inestable. Ese fue el plan con Palestina. Por eso Israel financió a Hamás: para dividir y radicalizar a los palestinos, y así justificar sus represalias contra ellos y su expansión territorial sobre su territorio. ¿Qué pensáis que hace Israel en Líbano? ¿Qué pensáis que hace en Siria? Países a los cuáles cada vez les va "comiendo" más terreno.
Respecto a Irán, existe la teoría de que la política de hostigamiento sionista sobre el país persa persigue que este ataque a sus vecinos árabes, aliados de EE. UU., haciendo muy difícil la vida en estos países y acabando con su prosperidad. Eso provocaría inestabilidad política y social, además de la salida de EE. UU. de la zona.
Y es que Israel necesita ocupar el espacio que EE. UU. va a dejar en Oriente Próximo. En eso están trabajando las élites que quieren que Israel sustituya a EE. UU. como hegemón.
Las élites necesitan una potencia que esté en la "Gran Isla", y que controle las rutas de suministro, como aspira a hacerlo Israel. Los planes de Netanyahu han sido anunciados por él mismo durante años, con mapitas y todo.
Por eso, a diferencia de lo que creen muchos, Israel se frota las manos cuando ve que sus ataques a Irán o a Líbano desembocan en el cierre de los estrechos de Ormuz y de Bab-el Mandeb, imposibilitando —este último— las rutas comerciales por el canal de Suez.
Israel busca desesperadamente la viabilidad del transporte de gas y petróleo a través de conductos desde el golfo Pérsico hasta Europa, atravesando la península arabia y pasando por Israel.
Se planea que Israel se convierta en un hub imprescindible para el suministro de materias primas para Europa. Y para ello necesita debilitar a sus vecinos, y provocar inestabilidad en ellos, para así justificar su intervención militar y expansión territorial, con la excusa de "proteger a sus ciudadanos", buscando áreas de amortiguamiento.
Y es que, a las élites, ya no les sirve EE. UU. para intentar controlar el mundo. Saben que EE. UU. está en una situación geográfica privilegiada: acceso sin obstáculos al océano atlántico y pacífico, recursos naturales, sin competencia en su hemisferio, etc. Pero EE. UU. no puede controlar el resto del mundo solo con sus bases militares, que no son tan inexpugnables como pensábamos. Necesitan un "actor" que esté en el meollo del asunto. Y ese es Israel. EE. UU. se tiene que proyectar hacia el exterior desde el continente americano. Es un coste muy alto. Necesitan crear una potencia en "Eurafrasia".
No es ningún secreto que los centro de poder económico y financiero han ido cambiando de lugar, con el paso de los siglos. Durante los siglos XIV-XV, Florencia fue un centro financiero clave del Renacimiento. Existía un dominio de familias como los Medici. Países Bajos heredó ese poder entre los siglos XVI-XVII, con auge de Ámsterdam como centro financiero. Allí surgió la primera bolsa moderna (Bolsa de Ámsterdam) y el comercio global a través de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Le sucedió Londres, entre los siglos XVIII-XIX como centro del sistema financiero global durante el Imperio británico, con instituciones como el Banco de Inglaterra. En esta época, Reino Unido dominó el comercio marítimo. Y llegamos a Nueva York, desde el siglo XX hasta la actualidad: Wall Street como núcleo financiero global, dólar como moneda de referencia internacional, etc.
Básicamente, este es el plan expansionista que tiene el sionismo en Oriente Próximo y que, desde la llegada de Trump al poder en EE. UU., es cada vez es más evidente. Porque si algo ha hecho Trump es mostrarle al mundo —con más ahínco que Biden— las debilidades y fidelidades de EE. UU., y a qué élites obedece su política exterior.
Pero Israel debe darse prisa, porque necesita a EE. UU. para llevar a cabo su plan. Y en EE. UU. la gente cada vez está más soliviantada con Israel, porque perciben que todos sus políticos muestras una extraña fidelidad por este país. Y puede suceder que, en un momento dado, los estadounidenses empiecen a votar por candidatos cada vez menos sionistas. Y eso sería una verdadera tragedia para Israel. Por eso, tiene que exprimir al "agente naranja" de Trump todo lo que puedan.
Respecto a Irán, existe la teoría de que la política de hostigamiento sionista sobre el país persa persigue que este ataque a sus vecinos árabes, aliados de EE. UU., haciendo muy difícil la vida en estos países y acabando con su prosperidad. Eso provocaría inestabilidad política y social, además de la salida de EE. UU. de la zona.
Y es que Israel necesita ocupar el espacio que EE. UU. va a dejar en Oriente Próximo. En eso están trabajando las élites que quieren que Israel sustituya a EE. UU. como hegemón.
Las élites necesitan una potencia que esté en la "Gran Isla", y que controle las rutas de suministro, como aspira a hacerlo Israel. Los planes de Netanyahu han sido anunciados por él mismo durante años, con mapitas y todo.
Por eso, a diferencia de lo que creen muchos, Israel se frota las manos cuando ve que sus ataques a Irán o a Líbano desembocan en el cierre de los estrechos de Ormuz y de Bab-el Mandeb, imposibilitando —este último— las rutas comerciales por el canal de Suez.
Israel busca desesperadamente la viabilidad del transporte de gas y petróleo a través de conductos desde el golfo Pérsico hasta Europa, atravesando la península arabia y pasando por Israel.
Se planea que Israel se convierta en un hub imprescindible para el suministro de materias primas para Europa. Y para ello necesita debilitar a sus vecinos, y provocar inestabilidad en ellos, para así justificar su intervención militar y expansión territorial, con la excusa de "proteger a sus ciudadanos", buscando áreas de amortiguamiento.
Y es que, a las élites, ya no les sirve EE. UU. para intentar controlar el mundo. Saben que EE. UU. está en una situación geográfica privilegiada: acceso sin obstáculos al océano atlántico y pacífico, recursos naturales, sin competencia en su hemisferio, etc. Pero EE. UU. no puede controlar el resto del mundo solo con sus bases militares, que no son tan inexpugnables como pensábamos. Necesitan un "actor" que esté en el meollo del asunto. Y ese es Israel. EE. UU. se tiene que proyectar hacia el exterior desde el continente americano. Es un coste muy alto. Necesitan crear una potencia en "Eurafrasia".
No es ningún secreto que los centro de poder económico y financiero han ido cambiando de lugar, con el paso de los siglos. Durante los siglos XIV-XV, Florencia fue un centro financiero clave del Renacimiento. Existía un dominio de familias como los Medici. Países Bajos heredó ese poder entre los siglos XVI-XVII, con auge de Ámsterdam como centro financiero. Allí surgió la primera bolsa moderna (Bolsa de Ámsterdam) y el comercio global a través de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Le sucedió Londres, entre los siglos XVIII-XIX como centro del sistema financiero global durante el Imperio británico, con instituciones como el Banco de Inglaterra. En esta época, Reino Unido dominó el comercio marítimo. Y llegamos a Nueva York, desde el siglo XX hasta la actualidad: Wall Street como núcleo financiero global, dólar como moneda de referencia internacional, etc.
Básicamente, este es el plan expansionista que tiene el sionismo en Oriente Próximo y que, desde la llegada de Trump al poder en EE. UU., es cada vez es más evidente. Porque si algo ha hecho Trump es mostrarle al mundo —con más ahínco que Biden— las debilidades y fidelidades de EE. UU., y a qué élites obedece su política exterior.
Pero Israel debe darse prisa, porque necesita a EE. UU. para llevar a cabo su plan. Y en EE. UU. la gente cada vez está más soliviantada con Israel, porque perciben que todos sus políticos muestras una extraña fidelidad por este país. Y puede suceder que, en un momento dado, los estadounidenses empiecen a votar por candidatos cada vez menos sionistas. Y eso sería una verdadera tragedia para Israel. Por eso, tiene que exprimir al "agente naranja" de Trump todo lo que puedan.