No constituye una lengua independiente, sino un lenguaje silbado que reproduce los sonidos de la lengua hablada, actualmente el castellano. Su sistema se articula mediante dos unidades vocales y cuatro consonantes, diferenciadas por variaciones de tono, continuidad e interrupción, cuya combinación permite transmitir mensajes de considerable complejidad.
El documento recoge los testimonios de Antonio y José, de La Gomera, que nos acercan a esta singular forma de comunicación. Sus relatos poseen un especial interés etnográfico, al permitirnos conocer el silbo a través de las voces de quienes forman parte de su contexto cultural, poniendo de manifiesto la estrecha relación entre lenguaje, territorio y formas de vida tradicionales.
Históricamente, su aprendizaje se desarrollaba mediante la observación, la práctica y la transmisión intergeneracional, especialmente en contextos vinculados a la agricultura, la ganadería y la vida cotidiana. Las transformaciones socioeconómicas del siglo XX comprometieron su continuidad, impulsando distintas medidas de salvaguardia. En 1999 se reguló su enseñanza en las escuelas de La Gomera y, en 2009, la UNESCO lo incorporó a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
