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Impuestos: expolio estatal

Publicado: Vie Jul 10, 2026 7:25 pm
por Astur
Asimov escribió: Vie Jul 10, 2026 9:41 am Juicios de intenciones y más juicios de intenciones.

Si muchos españoles aspiran a ser funcionarios es porque aspiran a salir de la precariedad e inestabilidad del sector privado y poder trabajar en algún sitio con un horario medio decente que les permita tener vida propia, y sin la incertidumbre de no saber cuándo les echarán a la calle. Eso no es culpa de la izquierda ni de ninguna "mentalidad mediocre socialdemócrata", sino de las lamentables condiciones de trabajo que ofrece la empresa privada, y que poco a poco se han ido degradando cada vez más.
Exacto. El español medio busca mejores condiciones, y el empleo público se las ofrece. El problema es que esas condiciones no aparecen por arte de magia. Las financia el sector privado mediante impuestos. Impuestos abusivos, aquí en España.
Una empresa privada tiene que ser rentable para sobrevivir. Si no lo es, desaparece. No hay otra. Sin embargo, la Administración no está sometida a ese mismo incentivo. Puede mantener estructuras ineficientes durante años porque el coste siempre se traslada al contribuyente. Por eso, ofrece mejores condiciones.
Por eso no es casualidad que tanta gente aspire a ser funcionario, en España, en lugar de emprender o ser asalariado. Cuando el Estado ofrece más estabilidad, menos riesgo y, en muchos casos, mejores condiciones que el mercado, está atrayendo talento hacia actividades que no crean riqueza de mercado con la que luego se financia el propio Estado.
A eso me refiero, entre otras cosas, cuando hablo de la mentalidad socialdemócrata que está muy arraigada en España. Aquí se percibe el empleo público como el "ideal", y al empresario como alguien al que exprimir fiscalmente. Luego nos preguntamos por qué los salarios son bajos, la productividad apenas crece y cada vez hay menos empresas capaces de pagar sueldos altos.
Por lo cual, no: no son "juicios de intenciones". Son las consecuencias lógicas de un modelo en el que el Estado compite con ventaja por el talento, financia esa ventaja con los impuestos que recauda del sector productivo y termina desincentivando precisamente la creación de la riqueza de la que depende.
No hace falta adivinar las intenciones de nadie. Basta con observar los incentivos y los resultados del modelo.