El 14 de diciembre de 1949, era declarado Héroe Nacional de Yugoslavia, el comandante partisano Stjepan Filipović, que fue torturado por la Gestapo nazi durante varios meses... pero se negó a delatar a sus camaradas.
Antes de ser ejecutado, en la misma horca, Stjepan se enzarzó con un soldado nazi, le pateó en el pecho y le gritó a la multitud presente en su ejecución:
"¿Qué esperán? ¿Por qué permiten esto? ¡Coged los fusiles aunque sean oxidados, liberad a nuestro pais y acabad con esta escoria nazi! ¡Larga vida al Ejercito Rojo libertador! ¡Viva el comunismo! ¡Muerte al fascismo y libertad para el pueblo!".
Entre insultos y patadas a sus verdugos nazis, fue ejecutado luchando hasta el último momento.
En el pueblo de Valjevo (Serbia), donde operaba la unidad partisana que dirigía como comandante, tiene una estatua dedicada en su honor al igual que en su pueblo natal, Opuzen, donde también se erigió otra estatua en su recuerdo.
Los nazis ejecutándolo creían que borrarían de la historia a Filipovic, pero realmente lo convirtieron en un símbolo eterno de resistencia antifascista y en un ejemplo histórico de ser consecuente con sus ideales comunistas!
