Honestamente, me parece que el tal Antonio The Pill se mete un poco donde no le llaman. También me da bastante vergüenza cuando empieza a gritar "violencia hembrista". Aunque, la que seguramente estaba montando el típico dramita de celos, a la vista de todos —en la estación de autobús de ALSA de Gijón—, era la criaja histérica esta. No sé quién me da más vergüenza ajena, sinceramente.
