Desmintiendo mitos sobre el socialismo marxista
Publicado: Mié Jul 08, 2026 9:37 pm
Resulta bastante cansino leer siempre los mismos clichés propagandísticos contra el marxismo: que si es una ideología "fallida", que si es "empobrecedora", que si "sólo genera miseria"... Algunos pretenden justificar dichas ideas con todo tipo de teorías económicas, pero existe un banco de pruebas que es la propia historia, Gracias a ella podemos comprobar científicamente hasta qué punto funciona un determinado modelo económico y político, cuáles son sus puntos fuertes y sus puntos débiles, ventajas e inconvenientes.
El socialismo se ha experimentado ya en varias ocasiones, la mayoría de ellas en circunstancias bastante desfavorables, lo que en ocasiones hace difícil determinar qué parte de sus problemas son causados por dichas circunstancias y qué parte son causados por el sistema en sí. La URSS, en cambio, fue un experimento socialista realizado sobre un país enorme y lleno de recursos, que al menos desde la segunda guerra mundial gozó de varias décadas de paz; por tanto, es probablemente el mejor caso, junto con el de China, a la hora de estudiar el éxito o fracaso del socialismo. Y, sin ser ni mucho menos perfecto, lo cierto es que el experimento soviético constituyó un notable éxito; no sólo se demostró que el socialismo era posible como forma de organización económica, sino también que era un sistema suficientemente estable y duradero. Al fin y al cabo, la Unión Soviética duró siete décadas, y su desaparición no se debió a causas económicas que hicieran inviable la pervivencia del socialismo sino más bien a decisiones políticas tomadas por el propio gobierno soviético. Por si fuese poco, durante su existencia la Unión Soviética eliminó lacras como las crisis económicas, el desempleo, la inflación, la discriminación racial y nacional, y la pobreza y desigualdad extremas. La experiencia socialista fue tan eficaz que la URSS alcanzó un récord en velocidad de industrialización y se convirtió en una superpotencia económica, militar y espacial, y ello cubriendo por fin en su totalidad las necesidades básicas de su población: alimentación, empleo, vivienda, sanidad, educación y cultura.
Los datos que se exponen a continuación nos sirven para hacernos una idea de la magnitud del éxito alcanzado por el Estado surgido de la revolución bolchevique de 1917:
a) Crecimiento económico:
El PIB soviético aumentó sin cesar desde 1922 (tras la guerra civil rusa) hasta el fin de la URSS, con la única excepción correspondiente al período de la segunda guerra mundial. Entre 1928 y 1975 la economía soviética creció a un ritmo de un 5,1% anual de media, y en 1989 era ya la tercera economía del planeta, después de Estados Unidos y Japón. En 1963 la URSS había conseguido multiplicar por 53 el volumen industrial de la Rusia zarista. La producción industrial soviética pasó en 50 años de sólo un 12% de la de Estados Unidos a una producción industrial del 80%, y a una producción agraria que correspondía al 85% de la de Estados Unidos. En 1970 la URSS se había convertido en la mayor potencia industrial del mundo, produciendo más acero, hierro, cemento y tractores que cualquier otro país. Incluso un informe de la CIA de diciembre de 1982 reconocía que la URSS había experimentado un crecimiento continuo y una mejoría en el nivel de vida de su población durante los últimos treinta años.
La renta per cápita de Rusia pasó de 1.235 dólares internacionales en 1916 a 7.112 dólares internacionales en 1989 (descontando siempre la inflación); esto es, la renta per cápita se multiplicó por 5,7 en 73 años, lo que equivale a un crecimiento anual promedio del 2,4% (en ese mismo periodo Estados Unidos multiplicó su renta per cápita 4,4 veces, es decir, un crecimiento anual promedio del 2%). El período de mayor crecimiento económico fue el comprendido entre 1946 (tras la segunda guerra mundial) y 1971, cuando pasó de una renta per cápita de 1.913 dólares internacionales a 5.667 dólares internacionales (un crecimiento anual promedio del 4,3%), siendo más modesto el ritmo de expansión posterior (entre 1971 y 1989 el país incrementó su renta per cápita un promedio del 1,2% anual).
Entre 1950 y 1970, el consumo per cápita de alimentos en la Unión Soviética se duplicó, los ingresos disponibles se cuadruplicaron, el consumo de productos perecederos se triplicó y las compras de bienes duraderos se multiplicaron por doce veces.
La industrialización soviética fue la más rápida que ha conocido el ser humano en toda su historia, superada sólo por la de China; ningún otro país, ni siquiera la Inglaterra del siglo XIX y primera mitad del XX, consiguió llevar a cabo una industrialización tan fulgurante y profunda. También fue la primera vez en la historia que un país alcanzaba tales cotas de desarrollo sin esclavizar a nadie o expoliar los recursos naturales de países subdesarrollados, como de hecho hicieron los países capitalistas occidentales.
b) Sector primario:
Las superficies cultivadas en la URSS pasaron entre 1922 y 1923 de 63 a 82 millones de hectáreas, aumentaron a 87 en 1924 y en 1927 ya sumaban 94,5 millones. La Unión Soviética se convirtió en la primera productora mundial de cebada (con 70 millones de toneladas), centeno (15 millones), avena (15 millones), lino (0,5 millones entre semilla y fibra), soja (0,5 millones) y remolacha azucarera (con 60 millones). También era el tercer productor mundial en producción de algodón (con 2,7 millones de toneladas) y en producción de trigo (entre 88 y 110 millones de toneladas).
En cuanto a la ganadería la URSS era la primera productora mundial de carne y productos lácteos, y segundo productor de lana lavada con un monto de 272 millones. Si se incluyen todos los tipos de ganado, las cabezas de ganado en 1990 ascendían a los 311 millones, entre las que destacaban las cabañas bovinas, ovinas y porcinas.
La avicultura también era importante, así como la cría de gusanos o apicultura que reportaba anualmente una producción de cerca de 4.000 millones de toneladas de seda.
En 1990 se capturaron 9,5 millones de toneladas de pescado, cantidad sólo superada por Japón. La URSS poseía una formidable flota en la que la mayoría de los buques eran barcos-factoría o barcos-congeladores.
c) Industria:
El primer plan soviético ideado para la recuperación y el desarrollo económico y nacional fue llevado a cabo por el GOELRO (Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia), y constituyó uno de los planes de electrificación más ambiciosos que se hayan realizado jamás y precursor de los posteriores planes quinquenales soviéticos. Mediante dicho plan se llevó la energía y la iluminación a los hogares de varios millones de personas, en su mayoría campesinos, en un intento de eliminar la brecha entre el campo y las ciudades y poder dotar al país de la infraestructura necesaria para industrializarse. Así, de 0,2 millones de kW de potencia que tenían las plantas eléctricas rusas en 1913, se pasó a una potencia de 4,1 millones de kW en 1935; de producir 2 millones de kW de electricidad en 1913 se pasó a una producción de 28 kW en 1935; y de 33 plantas eléctricas en 1913 se pasó a 858 en 1927.
Una vez electrificada la Unión Soviética, los planes quinquenales elaborados por el GOSPLAN (Comité Estatal de Planificación) la industrializaron. La URSS pasó a ocupar el primer puesto mundial en producción de acero con 147 millones de toneladas, y en 1991 estaba en los primeros puestos mundiales en la fabricación de productos manufacturados como maquinaria agrícola, cemento, utillaje industrial, material eléctrico y ferroviario, herramientas, productos químicos y construcciones navales o aeronáuticas. Cada año salían de las fábricas soviéticas 559.000 tractores (más que en ningún otro país); 1.300.000 automóviles; 873.000 vehículos comerciales; 250.000 camiones y 1.100.000 motocicletas. La metalurgia soviética, muy diversificada, estaba situada también a la cabeza mundial. Disponía igualmente de una gran industria papelera, elaborándose anualmente 185.000 toneladas de pasta para la producción de papel gracias a los enormes recursos forestales de la URSS.
d) Índice de Desarrollo Humano:
El IDH es un indicador con el que se mide el desarrollo humano de las naciones, y en el que se tienen en cuenta la esperanza de vida de la población, los años promedio de escolaridad y el nivel de vida conforme al PIB per cápita. El IDH de Rusia en 1913 era de un 0,12, lo que representaba un 31,58% del nivel de Nueva Zelanda, un país con un IDH históricamente alto (de un 0,38 en 1913). En 1970 la URSS alcanzó un IDH de 0,5, lo que representa una cifra 4,2 veces superior a la de 1913 y un 92,59% del nivel de Nueva Zelanda (que en ese año tenía un IDH de 0,54). Tras el fin del socialismo y la adopción de la economía de mercado, el IDH de Rusia cayó hasta un 0,48 en 1995.
e) Igualdad económica:
La URSS se convirtió rápidamente en el país más igualitario del mundo, estableciendo unas diferencias salariales mínimas en comparación con el resto de países. En 1905 el 10% más rico de Rusia poseía el 46,88% de los ingresos (el 1% más rico poseía el 17,99% del ingreso total), mientras el 50% más pobre poseía el 16,74% y el 40% intermedio el 36,38%. Para 1980 el 10% más rico pasó a poseer el 21,0% de los ingresos totales en la Rusia soviética (el 1% más rico sólo poseía el 3,45%), el 50% más pobre el 31%, y el 40% intermedio el 47,97%. Cuando volvió el capitalismo a Rusia la situación se revertió de nuevo: en 2015 el 10% más rico de la Federación de Rusia poseía el 45,52% de los ingresos totales (el 1% más rico poseía el 20,24%), el 50% más pobre redujo su porcentaje al 16,99% y el 40% intermedio al 37,49%
El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad en los ingresos, pasó del 0,55 en la Rusia de 1905 al 0,22 en 1980 (el país que actualmente tiene el índice de Gini más bajo es Islandia, con un 0,24) y volvió a aumentar con el capitalismo al 0,55 en 2015. Actualmente se estima que la desigualdad mundial es de 0,63: la renta del 20% de las personas más ricas del mundo es 28,7 veces más elevada que la del 20% más pobre.
f) Salarios:
Los sueldos en la URSS no eran homogéneos, sino que se daban grandes variaciones dependiendo del puesto de trabajo y su cualificación. Si establecemos un índice 100 para el salario del trabajador peor pagado, un obrero ganaba entre 100 y 370, el capataz de 150 a 400, el joven ingeniero de 200 a 600, el ingeniero experimentado de 300 a 1.000, el director de una pequeña empresa de 500 a 1.000 y el de una gran empresa de 800 a 2.000. Los científicos e ingenieros que trabajaban en los laboratorios disfrutaban de buenos salarios y de la posibilidad de recibir primas por sus patentes de invención, por ello sus salarios oscilaban entre 400 y 2.500; los altos funcionarios y generales, por su parte, podían llegar también a 2.500, y algunos funcionarios privilegiados o técnicos muy sobresalientes podían llegar a un coeficiente 3.000.
Generalmente, los sectores que percibían mejores salarios eran los artistas, escritores, profesores, gerentes y científicos soviéticos de prestigio: de 1.200 a 1.500 rublos mensuales, en la década de 1980. Los altos funcionarios del gobierno, en cambio, ganaban alrededor de unos 600 rublos al mes, y los directivos de las empresas ganaban de 190 a 400 rublos mensuales. Los trabajadores percibían un salario medio de unos 150 rublos al mes.
A primera vista puede parecer una gran diferencia salarial, pero en realidad los salarios más altos eran, a nivel general, sólo diez veces más elevados que el salario medio de un obrero, y sólo en unos pocos casos esa diferencia llegaba a unas quince veces. En Estados Unidos, en cambio, los directivos de empresas mejor pagados ganaban en la década de 1980 unas 115 veces más que el salario medio de los trabajadores, diferencia que no hizo sino aumentar desde entonces hasta alcanzar en 2024 las 281 veces. En lo que respecta a España, en 2019 los máximos ejecutivos de las empresas del IBEX 35 cobraban 123 veces el salario medio de sus propias plantillas de trabajadores.
Por otro lado, los salarios en la URSS jamás pararon de subir. En 1973 el salario mínimo era de 70 rublos, el doble que en 1963. En 1955 el salario medio era de 71,8 rublos, pasando a 86,7 rublos en 1962 y a 185 rublos en 1984. La mayor crecida salarial se produjo en el periodo 1928-1941, pues en el transcurso de cada plan quinquenal el salario se duplicaba. Si en 1929 el salario medio anual ascendía a 929 rublos, éste pasó a 1.570 en 1933, a 2.900 en 1937 y se eleva hasta los 4.067 de 1940. Estas cifras equivalen a cuadruplicar el salario medio en apenas una década.
El salario medio soviético era bastante más bajo que el de los países occidentales (150 rublos equivalían a aproximadamente unos 200 dólares), pero a pesar de ello los ciudadanos soviéticos poseían un nivel de vida bastante aceptable, aunque fuese menor al de los países occidentales. Eso se debe fundamentalmente a dos factores:
1) El aumento sostenido del salario social. Un número cada vez mayor de prestaciones sociales y productos básicos como vivienda, sanidad, educación, alimentación, transporte público, turismo, suministro energético y guarderías eran gratuitos o estaban subvencionados en su mayor parte. Los gastos reales de una familia soviética se reducían casi únicamente a ropa y comida (que también estaba subvencionada). Es cierto que en los países occidentales también disfrutamos de una parte de ese salario social en forma de sanidad o niveles obligatorios de educación gratuitos (aunque en muchos casos no al mismo extremo que en la Unión Soviética), pero no en el resto de sectores indicados.
2) La inexistencia de inflación. La URSS reguló todos los precios y llevó a cabo una política de estabilidad de los mismos, de tal manera que, a pesar de que entre 1960 y 1980 el salario mínimo se cuadriplicó, en el mismo período el IPC aumentó de media sólo un 1,52% anual (frente a un 7,52% anual que aumentó en Estados Unidos). Además, los precios de los productos de lujo se fijaron por encima de su valor, mientras que los de los bienes de primera necesidad se fijaron por debajo de él.
Para hacerse una idea de cuál era realmente el poder adquisitivo de los ciudadanos soviéticos conviene conocer los precios de los productos básicos: un periódico costaba 0,02 rublos; un billete de transporte público 0,05 rublos; un kilo de patatas 0,10 rublos; una entrada de cine infantil 0,15 rublos; un paquete de cigarrillos 0,16 rublos; una barra de pan 0,20 rublos; un litro de leche 0,30 rublos; un litro de gasolina 0,30 rublos; una comida de comedor público 1 rublo; la cuota mensual de mantenimiento de la línea telefónica 1,5 rublos; un kilo de carne de cordero 1,80 rublos; un kilo de carne de ternera 2 rublos; una comida en un restaurante 3 rublos; un kilo de carne de cerdo 3 rublos; una bicicleta 39 rublos; una aspiradora 44 rublos; unos vaqueros de hombre 90 rublos; unas botas de invierno 100 rublos; un ciclo-motor 135 rublos; unas vacaciones en las costas ucranianas 250 rublos; una motocicleta 300 rublos; un televisor en color 750 rublos; un automóvil barato 4.000 rublos; un automóvil Volga de lujo 15.000 rublos...
En definitiva, los salarios soviéticos no sólo eran más que suficientes para que los ciudadanos pudieran vivir dignamente (aunque sin demasiados lujos), sino que incluso les permitía ahorrar; en todo el país los ahorros personales en los bancos aumentaron de 10.900 millones de rublos en 1960 a 46.600 millones en 1970, pasando a 156.600 millones en 1980 y a 202.100 millones en 1984. Los ahorros personales por persona en la Unión Soviética ascendían a 739,48 rublos, de media, en 1984. Sin embargo, la deuda total del país (pública y privada) en 1990 era de 27.300 millones de dólares, alrededor de sólo un 1% del PIB.
g) Situación laboral:
El desempleo en la URSS fue prácticamente inexistente durante toda su historia, incluso en períodos como el de la gran depresión en el que Estados Unidos se enfrentó a un 23% de paro. Ni siquiera eran necesarias las oficinas de empleo, que sólo se crearon en 1988 en el marco de las reformas de la perestroika. E incluso en el punto álgido de tal proceso (1991) el desempleo en Rusia sólo llegó al 0,1%, alcanzando el 8,2% en 2009, una vez que la economía ya era plenamente capitalista.
Los trabajadores de la Rusia zarista trabajaban de 10 a 12 horas diarias y seis días a la semana (entre 60 y 72 horas por semana), y por ello uno de los primeros decretos adoptados inmediatamente después de la revolución de Octubre de 1917 fue establecer la jornada laboral de ocho horas diarias a lo largo de 40 horas semanales. Era un derecho que anteriormente sólo se había conquistado en Uruguay (en 1915) pero que después de la revolución bolchevique sería reconocido en la mayoría de los países occidentales, no sin una dura lucha por parte del movimiento obrero de cada nación: en Alemania en 1918; en Francia, España, Portugal y Dinamarca en 1919; en Bélgica en 1924; en Estados Unidos en 1937...
Los trabajadores que sufrían lesiones o enfermaban tenían garantizado su empleo y se les pagaba un subsidio durante su baja, un derecho en cuyo reconocimiento la URSS también fue pionera.
Las vacaciones garantizadas en la URSS eran de entre 12 y 48 días laborables, de entre 24 y 48 para los trabajos más duros y de 48 días para el personal docente. En la década de 1970 los trabajadores soviéticos tenían, de media, 21 días laborables de vacaciones (un mes), y los balnearios, los complejos vacacionales y los campamentos para niños eran gratuitos o estaban subvencionados.
En total, las horas trabajadas al año por persona empleada en la URSS en 1973 eran 1.791, frente a las 2.150 horas de España, las 1.804 de Alemania, las 1.930 de Suiza o las 2.042 de Japón.
Las pensiones en la URSS eran bajas, pero la jubilación se producía a los 60 años (o a los 25 años de servicio) en el caso de los hombres y a los 55 años (o a los 20 años de servicio) en el caso de las mujeres. En la mayor parte de los países occidentales (Estados Unidos, España, Canadá, Reino Unido, Finlandia, Países Bajos...) la jubilación se producía a los 65 años, y en otros países incluso más tarde (en Dinamarca, por ejemplo, se producía a los 67 años).
h) Vivienda:
Un fenómeno tan común en los países capitalistas como los sin techo no existía en la Unión Soviética. Los ciudadanos soviéticos tenían derecho a una vivienda digna, y, a diferencia de lo que sucede en los Estados burgueses, era un derecho efectivo. Al ser el suelo propiedad del Estado todas las construcciones corrían a su cargo y eran de su propiedad. Los soviéticos no podían comprar una vivienda en propiedad, sino que se las alquilaba el Estado por un precio simbólico. Además, en el acceso a la vivienda no había segregación según los ingresos. Con la excepción de algunos barrios que estaban reservados para los cargos oficiales elevados, en una misma vecindad podían coincidir directores de fábrica, enfermeras, profesores universitarios y porteros, todos viviendo puerta con puerta.
El precio de los alquileres de los apartamentos estatales permaneció invariable desde 1928. En el caso de un apartamento para cuatro personas dicho precio rondaba los 15 rublos mensuales en 1977, de los cuales sólo seis eran para el alquiler propiamente dicho y el resto estaba destinado al pago de la calefacción, el agua caliente, la electricidad y el gas. En 1985, de media, las familias soviéticas gastaban sólo un 5% de sus ingresos en el alquiler, frente al entre 20% y 30% que gastaban los estadounidenses y británicos en esa misma época, o el 40% que gastamos hoy los españoles.
i) Alimentación:
La alimentación de los soviéticos mejoró considerablemente desde la revolución, llegando a ser, según estimaciones de la FAO, la séptima mejor del mundo a mediados de la década de 1980. Según un informe de la CIA de 1983 los soviéticos y estadounidenses consumían una cantidad de alimentos parecida, aunque la dieta soviética era algo mejor.
En 1913 el pan componía el 58% de la dieta de los rusos, mientras que la carne sólo representaba el 7%. En 1990 este porcentaje se redujo al 23% en el caso del pan, y aumentó al 13% en el caso de la carne, para luego descender al 29% y al 10,5% respectivamente en 1998, tras la adopción de una economía de mercado. En 1981 la URSS tenía un consumo de carne superior a países como Noruega, aunque inferior a otros países como la Checoslovaquia socialista.
Entre 1917 y 1980 el consumo de pescado de los soviéticos se multiplicó por 3,75 veces. En 1981 la URSS consumía 2,25 veces más pescado que Estados Unidos.
En 1913, con el zarismo, el consumo calórico per cápita de los rusos era de 2.109 kilocalorías diarias, pasando a 3.182 kilocalorías diarias en 1990, un 150,88% más. Tras la vuelta del capitalismo el consumo calórico por persona paso a ser de 2.471 kilocalorías en 1998, un 77,66% del nivel de 1990.
Esa mejora en la alimentación tuvo un efecto espectacular en la estatura de los soviéticos. La estatura promedio de los hombres rusos nacidos en 1913 era de aproximadamente 1,67 metros, inferior a los 1,72 metros de los hombres estadounidenses en 1910. A fines de la década de 1960, los hombres en la URSS y en los Estados Unidos alcanzaron una misma altura promedio, de aproximadamente 1,77 metros, y la altura femenina en la Rusia soviética excedió a la de las estadounidenses en aproximadamente un centímetro. Aumentar la estatura de los ciudadanos durante un proceso de industrialización fue algo inédito que no había ocurrido en el Reino Unido o en los Estados Unidos, por ejemplo, durante sus respectivos procesos de industrialización.
j) Sanidad:
La Unión Soviética fue el primer país del mundo que instauró un sistema sanitario gratuito y universal. Iniciado en 1920 a instancias de Nikolai Semashko, fundador del partido bolchevique y comisario (ministro) de Sanidad desde 1918 hasta 1930, el sistema fue mejorándose a lo largo de los años hasta que la Constitución soviética de 1977 consagró el derecho de todos los habitantes del país a ser atendidos en cualquier centro de salud y hospital del país de manera gratuita. La cobertura sanitaria, por tanto, era total para toda la población, y estaba considerado uno de los mejores sistemas de salud del mundo. Su calidad llegó hasta el punto de ser pionero en las técnicas de trasplantes de órganos, y gracias a él la URSS consiguió erradicar completamente enfermedades como la viruela, la peste, el cólera o el paludismo, y redujo enormemente la incidencia de la poliomielitis, la difteria o la tos ferina.
En 1970 la URSS tenía la mayor proporción de médicos por habitante del mundo, contando con 23,8 médicos por cada 10.000 personas frente a los 15,8 de los Estados Unidos.
Entre 1913 y 1969 el número de camas de hospital en la URSS se multiplicó por 8,15 veces, pasando de 1,3 camas por cada 1.000 habitantes en 1913 a 10,6 camas en 1969 (frente a las 8,2 camas por cada 1.000 habitantes de los Estados Unidos).
En 1913 Rusia tenía 918 hospitales urbanos y 2.074 hospitales rurales, y en 1989 tenía 6.976 hospitales urbanos y 5.786 hospitales rurales (en 2012 las cifras se habían vuelto a reducir a 4.956 hospitales urbanos y 1.216 hospitales rurales).
k) Esperanza de vida:
La esperanza de vida de Rusia en 1900 era de 30,5 años, inferior a la media mundial de ese entonces, de 32 años. Tras la revolución la esperanza de vida aumentó hasta los 59,4 años en 1953, y hasta los 68,4 años en 1965 (15,2 años superior a la media mundial). En esa fecha la esperanza de vida había aumentado en la URSS con respecto a 1900 en 37,9 años y se había más que duplicado, mientras que la media mundial aumentó en sólo 21,2 años. En 1987 la esperanza de vida aumentó muy ligeramente, representando para ese año 68,8 años (5,3 años superior a la media mundial).
Tras la adopción de una economía de mercado la esperanza de vida en Rusia se redujo considerablemente, siendo en el año 2002 unos 3,8 años inferior al nivel de 1987.
l) Mortalidad infantil:
En 1913 la tasa de mortalidad infantil en Rusia era de 269 niños de cada 1.000, y en 1985 la cifra había descendido hasta 22 de cada 1.000, es decir, la tasa se redujo en más de 12 veces en 72 años. Aun así seguía siendo una tasa superior a la del resto de países desarrollados y de Europa del Este debido a que la tasa de mortalidad infantil de las repúblicas soviéticas de Asia Central era históricamente más elevada, lo que hacía subir la media del país (48,9 en Tayikistán, frente a los 13,1 de Bielorrusia o los 11,5 de Lituania, por ejemplo).
m) Educación:
El acceso a la educación, comenzando por la guardería y terminando por la universidad, era un derecho universal y gratuito en todas sus etapas salvo en la educación infantil, donde las familias debían pagar un 20% de los gastos. El estudiante universitario no sólo no tenía que pagar por la matrícula, sino que además recibía un salario para su propio mantenimiento. En cuanto al material escolar, lo proporcionaba el Estado de forma gratuita en todas las etapas educativas.
La tasa de alfabetización en la Rusia zarista era del 28,4% en 1897, siendo del 16,6% para las mujeres y del 40,3% para los hombres, habiendo una clara diferencia entre la tasa de alfabetización en las zonas urbanas (57%) y la de las zonas rurales (23,8%). En 1939 la tasa de alfabetización en la URSS pasó a ser del 87,4%, la tasa en las mujeres pasó a ser del 81,6%, en los hombres al 93,5%, en las zonas urbanas al 93,8% y en las zonas rurales al 84%. Para 1970 el analfabetismo en las personas de entre 9 y 49 años fue prácticamente erradicado en toda la URSS, tanto en las zonas urbanas como en las rurales.
La educación también llego a zonas marginadas por el zarismo, y el gobierno soviético hizo un esfuerzo coordinado para fomentar la educación y la expresión cultural de los más de cien grupos nacionales que constituían la Unión Soviética. Por ejemplo, en Tayikistán en 1897 solo el 2,3% de los ciudadanos entre 9 y 49 años sabían leer, pero para 1939 la cifra pasó al 82,8% y en 1959 al 96,2%. En Uzbekistán en 1897 la tasa de alfabetización era del 3,6% solamente, y para 1939 pasó al 78,7% y en 1959 era ya del 98,1%. En las distintas repúblicas soviéticas los alumnos eran libres de elegir el ruso o su propia lengua materna como su idioma de alfabetización.
El socialismo consiguió en la URSS reducir más rápidamente el analfabetismo que en cualquier otro país del mundo. Por comparar, si hubiera continuado existiendo el zarismo hubiera tardado entre 150 y 300 años en eliminarlo.
n) Formación:
Una de las razones que hizo aumentar tanto los salarios es el número creciente de ciudadanos con una formación especializada. Así, frente a los 112.000 de 1914, en la escuela secundaria había 641.000 estudiantes en 1941. Además, en este mismo año había 1.750.000 jefes de empresa y administrativos; 35.000 directores y administradores de empresas específicamente industriales; 250.000 ingenieros y arquitectos; más de 800.000 técnicos industriales; 820.000 economistas y estadistas; 580.000 presidentes de cooperativas; 19.000 directores de granjas estatales; 80.000 agrónomos y 96.000 técnicos industriales. Todas estas profesiones representaban en 1941 a un 7% de la mano de obra. En 1965, y con una población urbana de más de 100 millones de ciudadanos (un 55% del total), había 75 millones de obreros industriales, 11 millones de estudiantes cursando estudios superiores (dos millones en 1940), seis millones de profesores, dos millones y medio de científicos e investigadores, cuatro millones de sanitarios y casi dos millones de funcionarios. En total las personas de cualificación media-alta en 1965 eran más de 25 millones de personas, lo que representa el 22% de la población activa.
ñ) Ciencia y tecnología:
La ciencia soviética sobresalió a nivel mundial en varios campos como las matemáticas, la física o la química, y tuvo entre sus representantes a gente de la talla de Vladimir Demijov (pionero en la ciencia de los trasplantes), Zhores Alfiorov (político comunista y ganador del premio Nobel de Física por desarrollar heteroestructuras de semiconductores usadas en la optoelectrónica y electrónica de alta velocidad), Serguei Lebedev (padre de la informática soviética), Vitali Guinzburg (ganador del premio Nobel de Física junto a Aleksei Alekseyevich Abrikosov por sus contribuciones pioneras a la teoría de los superconductores y superfluidos), Lev Landau (premio Nobel de Física por sus teorías sobre la materia condensada), Aleksandr Projorov (premio Nobel de Física junto a Nikolai Basov por sus trabajos en electrónica cuántica que condujeron a la invención del láser y el máser), Pavel Cherenkov (premio Nobel de Física junto a Ilia Frank y Igor Tam por explicar la radiación que lleva su nombre), Piotr Kapitsa (premio Nobel de Física por descubrir la superfluidez), Nikolai Semionov (premio Nobel de Química por sus estudios de los mecanismos de las reacciones químicas), Igor Kurchatov (experto en física nuclear y miembro del Soviet Supremo de la URSS), Leonid Kantorovich (ganador del premio Nobel de Economía por sus teorías sobre la asignación óptima de recursos escasos) y Andrei Kolmogorov (matemático fundador de la teoría de la complejidad algorítmica).
La URSS impulsó y desarrolló multitud de proyectos científicos y tecno-lógicos que marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad. Sin duda el más sobresaliente fue el programa espacial soviético, pionero en el campo de la exploración del espacio. Aunque no fuesen los primeros en pisar la Luna, los soviéticos lanzaron el primer satélite artificial (el Sputnik I, en 1957); enviaron al primer animal al espacio (la perra Laika, en 1957), al primer hombre (Yuri Gagarin, 1961) y a la primera mujer (Valentina Tereshkova, 1963); hicieron las primeras fotografías de la cara oscura de la Luna (1959); realizaron el primer paseo espacial (Alexei Leonov, en 1965); consiguieron el primer aterrizaje de una nave en la Luna (la sonda Luna 9, en 1966), en otro planeta (la sonda Venera 7 en Venus, 1970) y en Marte (la Mars 3, en 1971); y construyeron la primera estación espacial (la Salyut I, en 1971) y la primera estación de investigación en estar habitada de forma permanente (la Mir, en 1986). Fruto de todo ello fueron multitud de innovaciones en ingeniería aeroespacial como, por ejemplo, el motor de cohetes más potente del mundo, el RD-170, fabricado por primera vez en 1985, o el primer avión supersónico de pasajeros (el Tupolev TU-144, en 1969).
Otro terreno científico en el que la Unión también sobresalió fue la informática, desarrollando desde las computadoras BESM en 1952 hasta los microprocesadores Elbrus en 1973, pasando incluso por videojuegos como el famoso Tetris (1984). La primera computadora programable de la Europa continental fue la soviética MESM, fabricada en 1949.
La Unión Soviética también fue pionera en el desarrollo de la telefonía móvil en la década de 1950 (a través de las innovaciones del ingeniero Leonid Kupriyanovich), en domótica (proyecto Sphinx, 1987), en energía nuclear (construyeron la primera central nuclear del mundo en 1954), en prospección científica (el pozo superprofundo de Kola se inició en 1970 y se abandonó en 1989 al alcanzar los 12 kilómetros de profundidad) o en la fabricación de caucho sintético (la URSS fue el primer país que lo produjo de forma industrial en 1932).
o) Cultura:
Las subvenciones estatales mantenían el precio de libros, periódicos y acontecimientos culturales al mínimo. Como resultado los trabajadores a menudo disponían de sus propias bibliotecas, y una familia soviética estaba suscrita a cuatro periódicos de media. Los ciudadanos de la URSS tenían más libros y veían más películas que cualquier otro pueblo del mundo, según la UNESCO. Cada año, el número de personas que visitaban museos casi igualaba a la mitad de la población, y la asistencia a teatros, conciertos y otras representaciones sobrepasaba a la población total. En 1970 hubo 4.650 millones de asistentes a las salas de cine soviéticas, mientras que la taquilla estadounidense en ese mismo año fue de 920 millones.
p) Arte:
En materia artística la URSS sobresalió en música (compositores como Dimitri Shostakovich, Serguei Prokofiev y Aram Khachaturian, e innovaciones como el theremín en 1928), cine (Serguei Eisenstein, Lev Kuleshov, Vsevolod Pudovkin y Dziga Vertov) o literatura (Mijail Sholojov, premio Nobel de literatura y diputado del Soviet Supremo de la URSS).
q) Consumo:
Gracias al aumento de los salarios y a la estabilidad de precios, desde mediados de la década de 1960 los soviéticos experimentaron un aumento significativo en su nivel material. Pese a que su consumo per cápita siguió siendo más bajo que el de los Estados Unidos, la población soviética aumentó su consumo con una rapidez mayor que ninguna otra sociedad del mundo, pasando de representar el 37% del estadounidense a mediados de la década de 1960 a representar el 42% en 1981.
En 1965, por cada 100 familias, 32 tenían un televisor, pero para 1981 eran 95 familias. En 1985, 99 de cada 100 familias en la URSS tenían televisión y radio, tanto en zonas rurales como urbanas, e incluso uno de cada diez hogares en las zonas urbanas tenían dos televisores. En 1965, 17 de cada 100 familias tenían una nevera, pasando a ser 92 familias de cada 100 para 1985, tanto en zonas rurales como urbanas. En 1981 el 78% de los hogares urbanos tenían una lavadora, frente a apenas un tercio en 1965. En 1965 un 11% de las familias soviéticas tenían una aspiradora, y un 4% una grabadora; en 1981 esta cifra aumentó a un 39% y a un 33% respectivamente.
Este aumento en el consumo de electrodomésticos fue posible también gracias al aumento de la producción de bienes de consumo. La producción de televisores aumentó de más de 3,5 millones en 1965 a más de 8 millones en 1981; en el mismo período la producción de frigoríficos aumentó de 1.675.000 a casi seis millones, y la producción de aspiradoras pasó de 800.000 a 3.359.000. Incluso productos relativamente modernos como las grabadoras aumentaron su producción de 453.000 a 3.216.000.
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Puede discutirse si el sistema aquí descrito concuerda o no con un ideal comunista o socialista imaginado, pero a la luz de los datos anteriores parece claro que la experiencia soviética fue un éxito en más de un sentido. Es indudable que la instauración de la URSS supuso un cambio radical a favor de la clase trabajadora rusa, y desde luego fue un modelo mucho más igualitario que el de los países capitalistas occidentales.
El socialismo se ha experimentado ya en varias ocasiones, la mayoría de ellas en circunstancias bastante desfavorables, lo que en ocasiones hace difícil determinar qué parte de sus problemas son causados por dichas circunstancias y qué parte son causados por el sistema en sí. La URSS, en cambio, fue un experimento socialista realizado sobre un país enorme y lleno de recursos, que al menos desde la segunda guerra mundial gozó de varias décadas de paz; por tanto, es probablemente el mejor caso, junto con el de China, a la hora de estudiar el éxito o fracaso del socialismo. Y, sin ser ni mucho menos perfecto, lo cierto es que el experimento soviético constituyó un notable éxito; no sólo se demostró que el socialismo era posible como forma de organización económica, sino también que era un sistema suficientemente estable y duradero. Al fin y al cabo, la Unión Soviética duró siete décadas, y su desaparición no se debió a causas económicas que hicieran inviable la pervivencia del socialismo sino más bien a decisiones políticas tomadas por el propio gobierno soviético. Por si fuese poco, durante su existencia la Unión Soviética eliminó lacras como las crisis económicas, el desempleo, la inflación, la discriminación racial y nacional, y la pobreza y desigualdad extremas. La experiencia socialista fue tan eficaz que la URSS alcanzó un récord en velocidad de industrialización y se convirtió en una superpotencia económica, militar y espacial, y ello cubriendo por fin en su totalidad las necesidades básicas de su población: alimentación, empleo, vivienda, sanidad, educación y cultura.
Los datos que se exponen a continuación nos sirven para hacernos una idea de la magnitud del éxito alcanzado por el Estado surgido de la revolución bolchevique de 1917:
a) Crecimiento económico:
El PIB soviético aumentó sin cesar desde 1922 (tras la guerra civil rusa) hasta el fin de la URSS, con la única excepción correspondiente al período de la segunda guerra mundial. Entre 1928 y 1975 la economía soviética creció a un ritmo de un 5,1% anual de media, y en 1989 era ya la tercera economía del planeta, después de Estados Unidos y Japón. En 1963 la URSS había conseguido multiplicar por 53 el volumen industrial de la Rusia zarista. La producción industrial soviética pasó en 50 años de sólo un 12% de la de Estados Unidos a una producción industrial del 80%, y a una producción agraria que correspondía al 85% de la de Estados Unidos. En 1970 la URSS se había convertido en la mayor potencia industrial del mundo, produciendo más acero, hierro, cemento y tractores que cualquier otro país. Incluso un informe de la CIA de diciembre de 1982 reconocía que la URSS había experimentado un crecimiento continuo y una mejoría en el nivel de vida de su población durante los últimos treinta años.
La renta per cápita de Rusia pasó de 1.235 dólares internacionales en 1916 a 7.112 dólares internacionales en 1989 (descontando siempre la inflación); esto es, la renta per cápita se multiplicó por 5,7 en 73 años, lo que equivale a un crecimiento anual promedio del 2,4% (en ese mismo periodo Estados Unidos multiplicó su renta per cápita 4,4 veces, es decir, un crecimiento anual promedio del 2%). El período de mayor crecimiento económico fue el comprendido entre 1946 (tras la segunda guerra mundial) y 1971, cuando pasó de una renta per cápita de 1.913 dólares internacionales a 5.667 dólares internacionales (un crecimiento anual promedio del 4,3%), siendo más modesto el ritmo de expansión posterior (entre 1971 y 1989 el país incrementó su renta per cápita un promedio del 1,2% anual).
Entre 1950 y 1970, el consumo per cápita de alimentos en la Unión Soviética se duplicó, los ingresos disponibles se cuadruplicaron, el consumo de productos perecederos se triplicó y las compras de bienes duraderos se multiplicaron por doce veces.
La industrialización soviética fue la más rápida que ha conocido el ser humano en toda su historia, superada sólo por la de China; ningún otro país, ni siquiera la Inglaterra del siglo XIX y primera mitad del XX, consiguió llevar a cabo una industrialización tan fulgurante y profunda. También fue la primera vez en la historia que un país alcanzaba tales cotas de desarrollo sin esclavizar a nadie o expoliar los recursos naturales de países subdesarrollados, como de hecho hicieron los países capitalistas occidentales.
b) Sector primario:
Las superficies cultivadas en la URSS pasaron entre 1922 y 1923 de 63 a 82 millones de hectáreas, aumentaron a 87 en 1924 y en 1927 ya sumaban 94,5 millones. La Unión Soviética se convirtió en la primera productora mundial de cebada (con 70 millones de toneladas), centeno (15 millones), avena (15 millones), lino (0,5 millones entre semilla y fibra), soja (0,5 millones) y remolacha azucarera (con 60 millones). También era el tercer productor mundial en producción de algodón (con 2,7 millones de toneladas) y en producción de trigo (entre 88 y 110 millones de toneladas).
En cuanto a la ganadería la URSS era la primera productora mundial de carne y productos lácteos, y segundo productor de lana lavada con un monto de 272 millones. Si se incluyen todos los tipos de ganado, las cabezas de ganado en 1990 ascendían a los 311 millones, entre las que destacaban las cabañas bovinas, ovinas y porcinas.
La avicultura también era importante, así como la cría de gusanos o apicultura que reportaba anualmente una producción de cerca de 4.000 millones de toneladas de seda.
En 1990 se capturaron 9,5 millones de toneladas de pescado, cantidad sólo superada por Japón. La URSS poseía una formidable flota en la que la mayoría de los buques eran barcos-factoría o barcos-congeladores.
c) Industria:
El primer plan soviético ideado para la recuperación y el desarrollo económico y nacional fue llevado a cabo por el GOELRO (Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia), y constituyó uno de los planes de electrificación más ambiciosos que se hayan realizado jamás y precursor de los posteriores planes quinquenales soviéticos. Mediante dicho plan se llevó la energía y la iluminación a los hogares de varios millones de personas, en su mayoría campesinos, en un intento de eliminar la brecha entre el campo y las ciudades y poder dotar al país de la infraestructura necesaria para industrializarse. Así, de 0,2 millones de kW de potencia que tenían las plantas eléctricas rusas en 1913, se pasó a una potencia de 4,1 millones de kW en 1935; de producir 2 millones de kW de electricidad en 1913 se pasó a una producción de 28 kW en 1935; y de 33 plantas eléctricas en 1913 se pasó a 858 en 1927.
Una vez electrificada la Unión Soviética, los planes quinquenales elaborados por el GOSPLAN (Comité Estatal de Planificación) la industrializaron. La URSS pasó a ocupar el primer puesto mundial en producción de acero con 147 millones de toneladas, y en 1991 estaba en los primeros puestos mundiales en la fabricación de productos manufacturados como maquinaria agrícola, cemento, utillaje industrial, material eléctrico y ferroviario, herramientas, productos químicos y construcciones navales o aeronáuticas. Cada año salían de las fábricas soviéticas 559.000 tractores (más que en ningún otro país); 1.300.000 automóviles; 873.000 vehículos comerciales; 250.000 camiones y 1.100.000 motocicletas. La metalurgia soviética, muy diversificada, estaba situada también a la cabeza mundial. Disponía igualmente de una gran industria papelera, elaborándose anualmente 185.000 toneladas de pasta para la producción de papel gracias a los enormes recursos forestales de la URSS.
d) Índice de Desarrollo Humano:
El IDH es un indicador con el que se mide el desarrollo humano de las naciones, y en el que se tienen en cuenta la esperanza de vida de la población, los años promedio de escolaridad y el nivel de vida conforme al PIB per cápita. El IDH de Rusia en 1913 era de un 0,12, lo que representaba un 31,58% del nivel de Nueva Zelanda, un país con un IDH históricamente alto (de un 0,38 en 1913). En 1970 la URSS alcanzó un IDH de 0,5, lo que representa una cifra 4,2 veces superior a la de 1913 y un 92,59% del nivel de Nueva Zelanda (que en ese año tenía un IDH de 0,54). Tras el fin del socialismo y la adopción de la economía de mercado, el IDH de Rusia cayó hasta un 0,48 en 1995.
e) Igualdad económica:
La URSS se convirtió rápidamente en el país más igualitario del mundo, estableciendo unas diferencias salariales mínimas en comparación con el resto de países. En 1905 el 10% más rico de Rusia poseía el 46,88% de los ingresos (el 1% más rico poseía el 17,99% del ingreso total), mientras el 50% más pobre poseía el 16,74% y el 40% intermedio el 36,38%. Para 1980 el 10% más rico pasó a poseer el 21,0% de los ingresos totales en la Rusia soviética (el 1% más rico sólo poseía el 3,45%), el 50% más pobre el 31%, y el 40% intermedio el 47,97%. Cuando volvió el capitalismo a Rusia la situación se revertió de nuevo: en 2015 el 10% más rico de la Federación de Rusia poseía el 45,52% de los ingresos totales (el 1% más rico poseía el 20,24%), el 50% más pobre redujo su porcentaje al 16,99% y el 40% intermedio al 37,49%
El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad en los ingresos, pasó del 0,55 en la Rusia de 1905 al 0,22 en 1980 (el país que actualmente tiene el índice de Gini más bajo es Islandia, con un 0,24) y volvió a aumentar con el capitalismo al 0,55 en 2015. Actualmente se estima que la desigualdad mundial es de 0,63: la renta del 20% de las personas más ricas del mundo es 28,7 veces más elevada que la del 20% más pobre.
f) Salarios:
Los sueldos en la URSS no eran homogéneos, sino que se daban grandes variaciones dependiendo del puesto de trabajo y su cualificación. Si establecemos un índice 100 para el salario del trabajador peor pagado, un obrero ganaba entre 100 y 370, el capataz de 150 a 400, el joven ingeniero de 200 a 600, el ingeniero experimentado de 300 a 1.000, el director de una pequeña empresa de 500 a 1.000 y el de una gran empresa de 800 a 2.000. Los científicos e ingenieros que trabajaban en los laboratorios disfrutaban de buenos salarios y de la posibilidad de recibir primas por sus patentes de invención, por ello sus salarios oscilaban entre 400 y 2.500; los altos funcionarios y generales, por su parte, podían llegar también a 2.500, y algunos funcionarios privilegiados o técnicos muy sobresalientes podían llegar a un coeficiente 3.000.
Generalmente, los sectores que percibían mejores salarios eran los artistas, escritores, profesores, gerentes y científicos soviéticos de prestigio: de 1.200 a 1.500 rublos mensuales, en la década de 1980. Los altos funcionarios del gobierno, en cambio, ganaban alrededor de unos 600 rublos al mes, y los directivos de las empresas ganaban de 190 a 400 rublos mensuales. Los trabajadores percibían un salario medio de unos 150 rublos al mes.
A primera vista puede parecer una gran diferencia salarial, pero en realidad los salarios más altos eran, a nivel general, sólo diez veces más elevados que el salario medio de un obrero, y sólo en unos pocos casos esa diferencia llegaba a unas quince veces. En Estados Unidos, en cambio, los directivos de empresas mejor pagados ganaban en la década de 1980 unas 115 veces más que el salario medio de los trabajadores, diferencia que no hizo sino aumentar desde entonces hasta alcanzar en 2024 las 281 veces. En lo que respecta a España, en 2019 los máximos ejecutivos de las empresas del IBEX 35 cobraban 123 veces el salario medio de sus propias plantillas de trabajadores.
Por otro lado, los salarios en la URSS jamás pararon de subir. En 1973 el salario mínimo era de 70 rublos, el doble que en 1963. En 1955 el salario medio era de 71,8 rublos, pasando a 86,7 rublos en 1962 y a 185 rublos en 1984. La mayor crecida salarial se produjo en el periodo 1928-1941, pues en el transcurso de cada plan quinquenal el salario se duplicaba. Si en 1929 el salario medio anual ascendía a 929 rublos, éste pasó a 1.570 en 1933, a 2.900 en 1937 y se eleva hasta los 4.067 de 1940. Estas cifras equivalen a cuadruplicar el salario medio en apenas una década.
El salario medio soviético era bastante más bajo que el de los países occidentales (150 rublos equivalían a aproximadamente unos 200 dólares), pero a pesar de ello los ciudadanos soviéticos poseían un nivel de vida bastante aceptable, aunque fuese menor al de los países occidentales. Eso se debe fundamentalmente a dos factores:
1) El aumento sostenido del salario social. Un número cada vez mayor de prestaciones sociales y productos básicos como vivienda, sanidad, educación, alimentación, transporte público, turismo, suministro energético y guarderías eran gratuitos o estaban subvencionados en su mayor parte. Los gastos reales de una familia soviética se reducían casi únicamente a ropa y comida (que también estaba subvencionada). Es cierto que en los países occidentales también disfrutamos de una parte de ese salario social en forma de sanidad o niveles obligatorios de educación gratuitos (aunque en muchos casos no al mismo extremo que en la Unión Soviética), pero no en el resto de sectores indicados.
2) La inexistencia de inflación. La URSS reguló todos los precios y llevó a cabo una política de estabilidad de los mismos, de tal manera que, a pesar de que entre 1960 y 1980 el salario mínimo se cuadriplicó, en el mismo período el IPC aumentó de media sólo un 1,52% anual (frente a un 7,52% anual que aumentó en Estados Unidos). Además, los precios de los productos de lujo se fijaron por encima de su valor, mientras que los de los bienes de primera necesidad se fijaron por debajo de él.
Para hacerse una idea de cuál era realmente el poder adquisitivo de los ciudadanos soviéticos conviene conocer los precios de los productos básicos: un periódico costaba 0,02 rublos; un billete de transporte público 0,05 rublos; un kilo de patatas 0,10 rublos; una entrada de cine infantil 0,15 rublos; un paquete de cigarrillos 0,16 rublos; una barra de pan 0,20 rublos; un litro de leche 0,30 rublos; un litro de gasolina 0,30 rublos; una comida de comedor público 1 rublo; la cuota mensual de mantenimiento de la línea telefónica 1,5 rublos; un kilo de carne de cordero 1,80 rublos; un kilo de carne de ternera 2 rublos; una comida en un restaurante 3 rublos; un kilo de carne de cerdo 3 rublos; una bicicleta 39 rublos; una aspiradora 44 rublos; unos vaqueros de hombre 90 rublos; unas botas de invierno 100 rublos; un ciclo-motor 135 rublos; unas vacaciones en las costas ucranianas 250 rublos; una motocicleta 300 rublos; un televisor en color 750 rublos; un automóvil barato 4.000 rublos; un automóvil Volga de lujo 15.000 rublos...
En definitiva, los salarios soviéticos no sólo eran más que suficientes para que los ciudadanos pudieran vivir dignamente (aunque sin demasiados lujos), sino que incluso les permitía ahorrar; en todo el país los ahorros personales en los bancos aumentaron de 10.900 millones de rublos en 1960 a 46.600 millones en 1970, pasando a 156.600 millones en 1980 y a 202.100 millones en 1984. Los ahorros personales por persona en la Unión Soviética ascendían a 739,48 rublos, de media, en 1984. Sin embargo, la deuda total del país (pública y privada) en 1990 era de 27.300 millones de dólares, alrededor de sólo un 1% del PIB.
g) Situación laboral:
El desempleo en la URSS fue prácticamente inexistente durante toda su historia, incluso en períodos como el de la gran depresión en el que Estados Unidos se enfrentó a un 23% de paro. Ni siquiera eran necesarias las oficinas de empleo, que sólo se crearon en 1988 en el marco de las reformas de la perestroika. E incluso en el punto álgido de tal proceso (1991) el desempleo en Rusia sólo llegó al 0,1%, alcanzando el 8,2% en 2009, una vez que la economía ya era plenamente capitalista.
Los trabajadores de la Rusia zarista trabajaban de 10 a 12 horas diarias y seis días a la semana (entre 60 y 72 horas por semana), y por ello uno de los primeros decretos adoptados inmediatamente después de la revolución de Octubre de 1917 fue establecer la jornada laboral de ocho horas diarias a lo largo de 40 horas semanales. Era un derecho que anteriormente sólo se había conquistado en Uruguay (en 1915) pero que después de la revolución bolchevique sería reconocido en la mayoría de los países occidentales, no sin una dura lucha por parte del movimiento obrero de cada nación: en Alemania en 1918; en Francia, España, Portugal y Dinamarca en 1919; en Bélgica en 1924; en Estados Unidos en 1937...
Los trabajadores que sufrían lesiones o enfermaban tenían garantizado su empleo y se les pagaba un subsidio durante su baja, un derecho en cuyo reconocimiento la URSS también fue pionera.
Las vacaciones garantizadas en la URSS eran de entre 12 y 48 días laborables, de entre 24 y 48 para los trabajos más duros y de 48 días para el personal docente. En la década de 1970 los trabajadores soviéticos tenían, de media, 21 días laborables de vacaciones (un mes), y los balnearios, los complejos vacacionales y los campamentos para niños eran gratuitos o estaban subvencionados.
En total, las horas trabajadas al año por persona empleada en la URSS en 1973 eran 1.791, frente a las 2.150 horas de España, las 1.804 de Alemania, las 1.930 de Suiza o las 2.042 de Japón.
Las pensiones en la URSS eran bajas, pero la jubilación se producía a los 60 años (o a los 25 años de servicio) en el caso de los hombres y a los 55 años (o a los 20 años de servicio) en el caso de las mujeres. En la mayor parte de los países occidentales (Estados Unidos, España, Canadá, Reino Unido, Finlandia, Países Bajos...) la jubilación se producía a los 65 años, y en otros países incluso más tarde (en Dinamarca, por ejemplo, se producía a los 67 años).
h) Vivienda:
Un fenómeno tan común en los países capitalistas como los sin techo no existía en la Unión Soviética. Los ciudadanos soviéticos tenían derecho a una vivienda digna, y, a diferencia de lo que sucede en los Estados burgueses, era un derecho efectivo. Al ser el suelo propiedad del Estado todas las construcciones corrían a su cargo y eran de su propiedad. Los soviéticos no podían comprar una vivienda en propiedad, sino que se las alquilaba el Estado por un precio simbólico. Además, en el acceso a la vivienda no había segregación según los ingresos. Con la excepción de algunos barrios que estaban reservados para los cargos oficiales elevados, en una misma vecindad podían coincidir directores de fábrica, enfermeras, profesores universitarios y porteros, todos viviendo puerta con puerta.
El precio de los alquileres de los apartamentos estatales permaneció invariable desde 1928. En el caso de un apartamento para cuatro personas dicho precio rondaba los 15 rublos mensuales en 1977, de los cuales sólo seis eran para el alquiler propiamente dicho y el resto estaba destinado al pago de la calefacción, el agua caliente, la electricidad y el gas. En 1985, de media, las familias soviéticas gastaban sólo un 5% de sus ingresos en el alquiler, frente al entre 20% y 30% que gastaban los estadounidenses y británicos en esa misma época, o el 40% que gastamos hoy los españoles.
i) Alimentación:
La alimentación de los soviéticos mejoró considerablemente desde la revolución, llegando a ser, según estimaciones de la FAO, la séptima mejor del mundo a mediados de la década de 1980. Según un informe de la CIA de 1983 los soviéticos y estadounidenses consumían una cantidad de alimentos parecida, aunque la dieta soviética era algo mejor.
En 1913 el pan componía el 58% de la dieta de los rusos, mientras que la carne sólo representaba el 7%. En 1990 este porcentaje se redujo al 23% en el caso del pan, y aumentó al 13% en el caso de la carne, para luego descender al 29% y al 10,5% respectivamente en 1998, tras la adopción de una economía de mercado. En 1981 la URSS tenía un consumo de carne superior a países como Noruega, aunque inferior a otros países como la Checoslovaquia socialista.
Entre 1917 y 1980 el consumo de pescado de los soviéticos se multiplicó por 3,75 veces. En 1981 la URSS consumía 2,25 veces más pescado que Estados Unidos.
En 1913, con el zarismo, el consumo calórico per cápita de los rusos era de 2.109 kilocalorías diarias, pasando a 3.182 kilocalorías diarias en 1990, un 150,88% más. Tras la vuelta del capitalismo el consumo calórico por persona paso a ser de 2.471 kilocalorías en 1998, un 77,66% del nivel de 1990.
Esa mejora en la alimentación tuvo un efecto espectacular en la estatura de los soviéticos. La estatura promedio de los hombres rusos nacidos en 1913 era de aproximadamente 1,67 metros, inferior a los 1,72 metros de los hombres estadounidenses en 1910. A fines de la década de 1960, los hombres en la URSS y en los Estados Unidos alcanzaron una misma altura promedio, de aproximadamente 1,77 metros, y la altura femenina en la Rusia soviética excedió a la de las estadounidenses en aproximadamente un centímetro. Aumentar la estatura de los ciudadanos durante un proceso de industrialización fue algo inédito que no había ocurrido en el Reino Unido o en los Estados Unidos, por ejemplo, durante sus respectivos procesos de industrialización.
j) Sanidad:
La Unión Soviética fue el primer país del mundo que instauró un sistema sanitario gratuito y universal. Iniciado en 1920 a instancias de Nikolai Semashko, fundador del partido bolchevique y comisario (ministro) de Sanidad desde 1918 hasta 1930, el sistema fue mejorándose a lo largo de los años hasta que la Constitución soviética de 1977 consagró el derecho de todos los habitantes del país a ser atendidos en cualquier centro de salud y hospital del país de manera gratuita. La cobertura sanitaria, por tanto, era total para toda la población, y estaba considerado uno de los mejores sistemas de salud del mundo. Su calidad llegó hasta el punto de ser pionero en las técnicas de trasplantes de órganos, y gracias a él la URSS consiguió erradicar completamente enfermedades como la viruela, la peste, el cólera o el paludismo, y redujo enormemente la incidencia de la poliomielitis, la difteria o la tos ferina.
En 1970 la URSS tenía la mayor proporción de médicos por habitante del mundo, contando con 23,8 médicos por cada 10.000 personas frente a los 15,8 de los Estados Unidos.
Entre 1913 y 1969 el número de camas de hospital en la URSS se multiplicó por 8,15 veces, pasando de 1,3 camas por cada 1.000 habitantes en 1913 a 10,6 camas en 1969 (frente a las 8,2 camas por cada 1.000 habitantes de los Estados Unidos).
En 1913 Rusia tenía 918 hospitales urbanos y 2.074 hospitales rurales, y en 1989 tenía 6.976 hospitales urbanos y 5.786 hospitales rurales (en 2012 las cifras se habían vuelto a reducir a 4.956 hospitales urbanos y 1.216 hospitales rurales).
k) Esperanza de vida:
La esperanza de vida de Rusia en 1900 era de 30,5 años, inferior a la media mundial de ese entonces, de 32 años. Tras la revolución la esperanza de vida aumentó hasta los 59,4 años en 1953, y hasta los 68,4 años en 1965 (15,2 años superior a la media mundial). En esa fecha la esperanza de vida había aumentado en la URSS con respecto a 1900 en 37,9 años y se había más que duplicado, mientras que la media mundial aumentó en sólo 21,2 años. En 1987 la esperanza de vida aumentó muy ligeramente, representando para ese año 68,8 años (5,3 años superior a la media mundial).
Tras la adopción de una economía de mercado la esperanza de vida en Rusia se redujo considerablemente, siendo en el año 2002 unos 3,8 años inferior al nivel de 1987.
l) Mortalidad infantil:
En 1913 la tasa de mortalidad infantil en Rusia era de 269 niños de cada 1.000, y en 1985 la cifra había descendido hasta 22 de cada 1.000, es decir, la tasa se redujo en más de 12 veces en 72 años. Aun así seguía siendo una tasa superior a la del resto de países desarrollados y de Europa del Este debido a que la tasa de mortalidad infantil de las repúblicas soviéticas de Asia Central era históricamente más elevada, lo que hacía subir la media del país (48,9 en Tayikistán, frente a los 13,1 de Bielorrusia o los 11,5 de Lituania, por ejemplo).
m) Educación:
El acceso a la educación, comenzando por la guardería y terminando por la universidad, era un derecho universal y gratuito en todas sus etapas salvo en la educación infantil, donde las familias debían pagar un 20% de los gastos. El estudiante universitario no sólo no tenía que pagar por la matrícula, sino que además recibía un salario para su propio mantenimiento. En cuanto al material escolar, lo proporcionaba el Estado de forma gratuita en todas las etapas educativas.
La tasa de alfabetización en la Rusia zarista era del 28,4% en 1897, siendo del 16,6% para las mujeres y del 40,3% para los hombres, habiendo una clara diferencia entre la tasa de alfabetización en las zonas urbanas (57%) y la de las zonas rurales (23,8%). En 1939 la tasa de alfabetización en la URSS pasó a ser del 87,4%, la tasa en las mujeres pasó a ser del 81,6%, en los hombres al 93,5%, en las zonas urbanas al 93,8% y en las zonas rurales al 84%. Para 1970 el analfabetismo en las personas de entre 9 y 49 años fue prácticamente erradicado en toda la URSS, tanto en las zonas urbanas como en las rurales.
La educación también llego a zonas marginadas por el zarismo, y el gobierno soviético hizo un esfuerzo coordinado para fomentar la educación y la expresión cultural de los más de cien grupos nacionales que constituían la Unión Soviética. Por ejemplo, en Tayikistán en 1897 solo el 2,3% de los ciudadanos entre 9 y 49 años sabían leer, pero para 1939 la cifra pasó al 82,8% y en 1959 al 96,2%. En Uzbekistán en 1897 la tasa de alfabetización era del 3,6% solamente, y para 1939 pasó al 78,7% y en 1959 era ya del 98,1%. En las distintas repúblicas soviéticas los alumnos eran libres de elegir el ruso o su propia lengua materna como su idioma de alfabetización.
El socialismo consiguió en la URSS reducir más rápidamente el analfabetismo que en cualquier otro país del mundo. Por comparar, si hubiera continuado existiendo el zarismo hubiera tardado entre 150 y 300 años en eliminarlo.
n) Formación:
Una de las razones que hizo aumentar tanto los salarios es el número creciente de ciudadanos con una formación especializada. Así, frente a los 112.000 de 1914, en la escuela secundaria había 641.000 estudiantes en 1941. Además, en este mismo año había 1.750.000 jefes de empresa y administrativos; 35.000 directores y administradores de empresas específicamente industriales; 250.000 ingenieros y arquitectos; más de 800.000 técnicos industriales; 820.000 economistas y estadistas; 580.000 presidentes de cooperativas; 19.000 directores de granjas estatales; 80.000 agrónomos y 96.000 técnicos industriales. Todas estas profesiones representaban en 1941 a un 7% de la mano de obra. En 1965, y con una población urbana de más de 100 millones de ciudadanos (un 55% del total), había 75 millones de obreros industriales, 11 millones de estudiantes cursando estudios superiores (dos millones en 1940), seis millones de profesores, dos millones y medio de científicos e investigadores, cuatro millones de sanitarios y casi dos millones de funcionarios. En total las personas de cualificación media-alta en 1965 eran más de 25 millones de personas, lo que representa el 22% de la población activa.
ñ) Ciencia y tecnología:
La ciencia soviética sobresalió a nivel mundial en varios campos como las matemáticas, la física o la química, y tuvo entre sus representantes a gente de la talla de Vladimir Demijov (pionero en la ciencia de los trasplantes), Zhores Alfiorov (político comunista y ganador del premio Nobel de Física por desarrollar heteroestructuras de semiconductores usadas en la optoelectrónica y electrónica de alta velocidad), Serguei Lebedev (padre de la informática soviética), Vitali Guinzburg (ganador del premio Nobel de Física junto a Aleksei Alekseyevich Abrikosov por sus contribuciones pioneras a la teoría de los superconductores y superfluidos), Lev Landau (premio Nobel de Física por sus teorías sobre la materia condensada), Aleksandr Projorov (premio Nobel de Física junto a Nikolai Basov por sus trabajos en electrónica cuántica que condujeron a la invención del láser y el máser), Pavel Cherenkov (premio Nobel de Física junto a Ilia Frank y Igor Tam por explicar la radiación que lleva su nombre), Piotr Kapitsa (premio Nobel de Física por descubrir la superfluidez), Nikolai Semionov (premio Nobel de Química por sus estudios de los mecanismos de las reacciones químicas), Igor Kurchatov (experto en física nuclear y miembro del Soviet Supremo de la URSS), Leonid Kantorovich (ganador del premio Nobel de Economía por sus teorías sobre la asignación óptima de recursos escasos) y Andrei Kolmogorov (matemático fundador de la teoría de la complejidad algorítmica).
La URSS impulsó y desarrolló multitud de proyectos científicos y tecno-lógicos que marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad. Sin duda el más sobresaliente fue el programa espacial soviético, pionero en el campo de la exploración del espacio. Aunque no fuesen los primeros en pisar la Luna, los soviéticos lanzaron el primer satélite artificial (el Sputnik I, en 1957); enviaron al primer animal al espacio (la perra Laika, en 1957), al primer hombre (Yuri Gagarin, 1961) y a la primera mujer (Valentina Tereshkova, 1963); hicieron las primeras fotografías de la cara oscura de la Luna (1959); realizaron el primer paseo espacial (Alexei Leonov, en 1965); consiguieron el primer aterrizaje de una nave en la Luna (la sonda Luna 9, en 1966), en otro planeta (la sonda Venera 7 en Venus, 1970) y en Marte (la Mars 3, en 1971); y construyeron la primera estación espacial (la Salyut I, en 1971) y la primera estación de investigación en estar habitada de forma permanente (la Mir, en 1986). Fruto de todo ello fueron multitud de innovaciones en ingeniería aeroespacial como, por ejemplo, el motor de cohetes más potente del mundo, el RD-170, fabricado por primera vez en 1985, o el primer avión supersónico de pasajeros (el Tupolev TU-144, en 1969).
Otro terreno científico en el que la Unión también sobresalió fue la informática, desarrollando desde las computadoras BESM en 1952 hasta los microprocesadores Elbrus en 1973, pasando incluso por videojuegos como el famoso Tetris (1984). La primera computadora programable de la Europa continental fue la soviética MESM, fabricada en 1949.
La Unión Soviética también fue pionera en el desarrollo de la telefonía móvil en la década de 1950 (a través de las innovaciones del ingeniero Leonid Kupriyanovich), en domótica (proyecto Sphinx, 1987), en energía nuclear (construyeron la primera central nuclear del mundo en 1954), en prospección científica (el pozo superprofundo de Kola se inició en 1970 y se abandonó en 1989 al alcanzar los 12 kilómetros de profundidad) o en la fabricación de caucho sintético (la URSS fue el primer país que lo produjo de forma industrial en 1932).
o) Cultura:
Las subvenciones estatales mantenían el precio de libros, periódicos y acontecimientos culturales al mínimo. Como resultado los trabajadores a menudo disponían de sus propias bibliotecas, y una familia soviética estaba suscrita a cuatro periódicos de media. Los ciudadanos de la URSS tenían más libros y veían más películas que cualquier otro pueblo del mundo, según la UNESCO. Cada año, el número de personas que visitaban museos casi igualaba a la mitad de la población, y la asistencia a teatros, conciertos y otras representaciones sobrepasaba a la población total. En 1970 hubo 4.650 millones de asistentes a las salas de cine soviéticas, mientras que la taquilla estadounidense en ese mismo año fue de 920 millones.
p) Arte:
En materia artística la URSS sobresalió en música (compositores como Dimitri Shostakovich, Serguei Prokofiev y Aram Khachaturian, e innovaciones como el theremín en 1928), cine (Serguei Eisenstein, Lev Kuleshov, Vsevolod Pudovkin y Dziga Vertov) o literatura (Mijail Sholojov, premio Nobel de literatura y diputado del Soviet Supremo de la URSS).
q) Consumo:
Gracias al aumento de los salarios y a la estabilidad de precios, desde mediados de la década de 1960 los soviéticos experimentaron un aumento significativo en su nivel material. Pese a que su consumo per cápita siguió siendo más bajo que el de los Estados Unidos, la población soviética aumentó su consumo con una rapidez mayor que ninguna otra sociedad del mundo, pasando de representar el 37% del estadounidense a mediados de la década de 1960 a representar el 42% en 1981.
En 1965, por cada 100 familias, 32 tenían un televisor, pero para 1981 eran 95 familias. En 1985, 99 de cada 100 familias en la URSS tenían televisión y radio, tanto en zonas rurales como urbanas, e incluso uno de cada diez hogares en las zonas urbanas tenían dos televisores. En 1965, 17 de cada 100 familias tenían una nevera, pasando a ser 92 familias de cada 100 para 1985, tanto en zonas rurales como urbanas. En 1981 el 78% de los hogares urbanos tenían una lavadora, frente a apenas un tercio en 1965. En 1965 un 11% de las familias soviéticas tenían una aspiradora, y un 4% una grabadora; en 1981 esta cifra aumentó a un 39% y a un 33% respectivamente.
Este aumento en el consumo de electrodomésticos fue posible también gracias al aumento de la producción de bienes de consumo. La producción de televisores aumentó de más de 3,5 millones en 1965 a más de 8 millones en 1981; en el mismo período la producción de frigoríficos aumentó de 1.675.000 a casi seis millones, y la producción de aspiradoras pasó de 800.000 a 3.359.000. Incluso productos relativamente modernos como las grabadoras aumentaron su producción de 453.000 a 3.216.000.
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Puede discutirse si el sistema aquí descrito concuerda o no con un ideal comunista o socialista imaginado, pero a la luz de los datos anteriores parece claro que la experiencia soviética fue un éxito en más de un sentido. Es indudable que la instauración de la URSS supuso un cambio radical a favor de la clase trabajadora rusa, y desde luego fue un modelo mucho más igualitario que el de los países capitalistas occidentales.