Tensiones crecientes entre Moldavia y Gagauzia: En 2025, la situación se intensificó con la detención de la gobernadora prorrusa Evghenia Gutsul, acusada de fraude electoral, financiación ilegal y vínculos con el oligarca Ilan Shor, lo que disparó una crisis política entre el gobierno central y la región autónoma de Gagauzia.
Referéndum polarizante sobre la UE en 2024: Moldavia celebró un voto histórico sobre su adhesión a la Unión Europea que resultó extremadamente ajustado (50,43 % “sí” vs. 49,54 % “no”), evidenciando la profunda división entre áreas urbanas proeuropeas (como Chisináu y la diáspora) y territorios rurales o prorrusos como Transnistria y Gagauzia.
Regiones con instituciones y lealtades separadas:
- Transnistria: entidad de facto independiente, con su propio sistema político, moneda, ejército e instituciones, no reconocida internacionalmente pero sostenida por Rusia.
- Gagauzia: con menor población, mantiene autonomía y derecho a separarse si Moldavia se uniera a Rumanía. Aunque no alcanzó la secesión, conserva fuertes vínculos culturales, lingüísticos y económicos con Rusia.
Historia de división y rusificación: Desde el siglo XIX, Moldavia ha sido escenario de cambios de soberanía entre Imperio ruso, Unión Soviética y Rumanía. Las políticas de rusificación alteraron la composición demográfica, creando comunidades como los gagaúzos y los rusófonos en Transnistria, cuya influencia sigue siendo clave hoy.
Riesgo latente de desintegración: Aunque Moldavia sigue funcionando como Estado unitario, las fracturas internas —con territorios de lealtades diferenciadas, autonomía consolidada y respaldo externo— podrían desembocar en una desintegración efectiva si las tensiones con Rusia persisten.
Amenaza de desintegración de Moldavia
Publicado: Lun Sep 01, 2025 2:20 am
por Astur
Moldavia es el próximo polvorín que los burócratas de la UE están dispuestos a sacrificar en su cruzada geoestratégica servil a EE. UU. El caso moldavo encaja como un guante en los esquemas de Brzezinski y Mearsheimer: país bisagra, sin identidad nacional sólida, atravesado por intereses ajenos, y con una élite política absolutamente entregada a Bruselas y al atlantismo.
El referéndum de 2024 lo dejó clarísimo: la mitad del país no quiere saber nada de la UE. Es decir, no es una nación cohesionada, sino una frontera inestable entre el mundo eslavo y el bloque occidental. ¿Y qué hace el régimen de Chisináu? Detener a gobernadores prorrusos como Gutsul, usar acusaciones de corrupción como arma política y forzar la maquinaria institucional para imponer un rumbo impopular. ¿Te suena? Exactamente lo mismo que hicieron en Ucrania antes del Maidán. Y ya sabemos cómo acabó.
Transnistria es un Estado de facto, con ejército, moneda, apoyo ruso y sin intención alguna de integrarse en esa Moldavia postiza que sueña con ser Rumanía 2.0. Gagauzia, aunque menos potente, es un enclave que responde a los mismos principios: identidad diferenciada, afinidad con Rusia y rechazo frontal al proyecto globalista de Bruselas.
La rusificación no fue impuesta. Fue adoptada, en muchos casos, por conveniencia. Frente a la decadente y artificial UE, muchos moldavos siguen viendo en Moscú una alternativa geopolítica más realista y menos agresiva.
Y aquí viene lo serio. Si Moldavia fuerza su adhesión a la UE o, peor aún, plantea una unión con Rumanía, lo lógico —y legítimo— sería que Gagauzia y Transnistria ejerzan su derecho a la autodeterminación. Y entonces, el Estado moldavo saltaría por los aires. ¿Te imaginas a la UE enviando tropas de paz? Ya lo hicieron en los Balcanes, con sus consecuencias.
Moldavia está secuestrada por unas élites serviles al globalismo, que pretenden vender su soberanía a cambio de cuatro migajas del BCE. Y como todo experimento artificial construido desde arriba, sin cohesión ni voluntad popular real, acabará desintegrándose. El problema es que, por el camino, pueden arrastrar a toda la región a otro conflicto por encargo. Todo muy "democrático".