Nowomowa era el epítome del complejo de iluminado incomprendido. En su mente, él era el único con acceso a la "verdad absoluta", rodeado de "borregos" incapaces de seguirle el ritmo. Pero su grandiosidad era solo una fachada, pues vivía encerrado en su propio eco chamber, donde cualquier dato que confirmara sus prejuicios era digno de un Nobel y todo lo demás no merecía su atención. Su incapacidad de aceptar opiniones contrarias lo hacía temer los debates serios, y por eso recurría a su herramienta favorita: la censura.
Debajo de esta fachada arrogante, sin embargo, había un hombre lleno de inseguridades. Nowomowa proyectaba sus propias limitaciones intelectuales en los demás, lanzando ataques velados y comentarios condescendientes para ocultar el miedo a ser expuesto. Su obsesión por señalar fallos ajenos era su forma de sentirse superior, mientras ignoraba cualquier éxito que pudiera desmentir su narrativa.
Por supuesto, no podía faltar su síndrome de experto amateur, un caso claro de efecto Dunning-Kruger. Sabía lo justo para sonar convincente entre quienes no sabían nada, pero estaba a años luz de ser un verdadero conocedor. Si alguien desmontaba su lógica, respondía con hostilidad pasivo-agresiva, incapaz de admitir que había errado. En su mente, él no necesitaba aprender: él ya había llegado.
Pero lo que más resaltaba era su complejo de mártir intelectual. Nowomowa se veía como el cruzado de la "verdad", luchando contra la "mediocridad colectiva" que, según él, lo marginaba. Su narrativa no buscaba el diálogo ni la reflexión, sino reforzar su ego y posicionarse como víctima de un foro lleno de ingratos que no sabían reconocer su genialidad.
Por eso, cuando Shaiapouf ([smention u=68]Fernandez[/smention]) y su aliado Don José —el protagonista de esta historia— desnudaban sus contradicciones en los debates, Nowomowa hervía de frustración. Juntos, formaban el "dúo sacapuntas", como repetía con sorna el rojerío de SEP, un combo que desarmaba sus argumentos como si fueran castillos de naipes. Pero la gota que colmó el vaso fue una acalorada discusión entre Shaiapouf y Sabela. Aprovechando la coyuntura, y sobreactuando la "protección" a Sabela, Nowomowa decidió actuar como lo que realmente era: un tirano de teclado. Baneó permanentemente primero a Shaiapouf y luego, sin razón aparente, a Don José (o sea, a mí), en una pataleta digna de un niño frustrado, teniendo en cuenta que este llevaba como 1 semana sin forear por allí. Porque al final, el único "refrito autoritario del siglo XX" era él.
Y aquí es donde la historia toma un giro. Don José, lejos de amedrentarse, prepara un golpe maestro: una imagen que desvelará ante el mundo el verdadero rostro de Nowomowa. Porque detrás de su discurso de superioridad, buenismo y solidaridad, no hay más que un censor lleno de contradicciones, complejos, grasa y todo tipo de problemas psicológicos, atrapado en su miedo a la irrelevancia. Una humillación pública que retumbará desde Barcelona hasta las profundidades de Internet.
El castillo de prejuicios de Nowomowa está a punto de derrumbarse. Y, mientras tanto, el dúo sacapuntas seguirá siendo el azote de la mediocridad foril, porque no hay nada que moleste más a un iluminado incomprendido que ver su ego desplomarse bajo el peso de la verdad.
Como sé que aquí no lo va a poder borrar...

:stickwhack:

