La tensión diplomática entre Japón y China ha escalado a niveles no vistos en años, pero la protagonista del enfrentamiento, la primera ministra Sanae Takaichi, emerge fortalecida del conflicto con índices de aprobación que superan el 70%, según reporta The Wall Street Journal.
El choque comenzó cuando Takaichi respondió a una pregunta parlamentaria sobre la posibilidad de que Japón interviniera militarmente si China bloqueara Taiwán. Su respuesta afirmativa desencadenó una reacción fulminante desde Beijing, que ha desplegado una campaña de presión multifacética contra Tokio.
Las represalias chinas incluyen críticas en foros internacionales como Naciones Unidas, la suspensión de rutas aéreas turísticas hacia territorio japonés y advertencias sobre posibles restricciones a productos del mar japoneses, detalla el Journal. Sin embargo, estas medidas parecen haber tenido el efecto contrario al esperado: en lugar de debilitar al gobierno de Takaichi, han consolidado su respaldo interno.
La reacción china no se hizo esperar. Medios controlados por el Estado publicaron caricaturas que representaban a la primera ministra japonesa con uniforme militar imperial y destruyendo la constitución pacifista de posguerra, imágenes diseñadas para evocar el doloroso pasado bélico entre ambas naciones, reporta el Journal.
Un cónsul chino llegó incluso a amenazar con “cortar el cuello” de Takaichi. “No tenemos más remedio que cortar ese sucio cuello que se ha abalanzado sobre nosotros sin dudarlo un instante. ¿Están preparados?”, escribió Xue Jian, cónsul general chino en Osaka. El mensaje fue posteriormente borrado.
Los ataques resultan particularmente sensibles porque Takaichi es conocida por sus posiciones nacionalistas. Durante su carrera política ha visitado frecuentemente el santuario Yasukuni, donde se conmemora a los caídos japoneses en guerra, incluyendo criminales de guerra, un acto que históricamente irrita a Beijing y Seúl.
No obstante, el respaldo ciudadano hacia Takaichi se mantiene firme. El Journal cita a residentes de Tokio que expresan confianza en su liderazgo, argumentando que la alianza con Estados Unidos proporciona suficiente respaldo para enfrentar las presiones chinas.




