Tal cual, Waltteri. Es una trampa, sin rodeos. Lo haga Tejas o lo haga California, el gerrymandering es manipulación electoral pura y dura, y degrada la democracia. Ahora bien, quien va a pagar el precio no son los republicanos ni los demócratas, sino los ciudadanos. Especialmente los californianos, que van a seguir atrapados en un Estado cada vez más caro, más inseguro y más disfuncional.Waltteri escribió: Lun Nov 24, 2025 4:58 am
Bien hecho,al juego sucio de gerrymandering que proponen los republicanos, los demócratas les deben responder con las mismas cartas:
https://elpais.com/us/2025-08-21/califo ... greso.html
De aprobarse en noviembre, los nuevos mapas alterarían los distritos para hacer más viable el triunfo de candidatos demócratas en cinco regiones actualmente en manos de los republicanos.
Los republicanos tienen una ligera ventaja en la Cámara de Representantes. Cuentan con 219 legisladores frente a 212 de la oposición.
Los representantes republicanos de Texas ocupan 25 de los 38 distritos electorales del Estado. En California, los demócratas tienen 43 de los 52 congresistas.
California es el único bastión progresista que ha cumplido su amenaza. Nueva York ha sugerido sumarse a la guerra del gerrymandering, pero no lo ha hecho de momento.
Ojo por ojo. California ha aprobado nuevas leyes que le permiten modificar los mapas electorales del Estado, el más poblado del país.
La votación en el Congreso local se dio velozmente, apenas un día después de que Texas, el gran bastión republicano, modificara sus distritos electorales para ampliar su representación en la Cámara de Representantes de Washington el próximo año.
Los demócratas han aprobado tres nuevas leyes. La primera es una enmienda a la Constitución estatal para adoptar los nuevos mapas, una práctica conocida como gerrymandering.
La segunda incluye los nuevos límites a los distritos electorales para favorecer a los demócratas.
El Primer Distrito, por ejemplo, sería partido en dos para incluir zonas metropolitanas en lo que antes era un territorio rural profundamente conservador del norte y cercano a la frontera con Nevada. El cambio pondría cuesta arriba las cosas para su actual representante, Doug LaMalfa, quien lleva 12 años en el cargo.
Los planes también permitirán que muchos votantes progresistas de las afueras de Sacramento, la capital del Estado, voten en el Tercer Distrito legislativo, lo que diluirá la base de votantes del congresista Kevin Kiley.
Los nuevos mapas también podrían hacer más holgadas las victorias demócratas en algunas zonas en las que los republicanos han recortado distancias y apretado los resultados. Es el caso del 9° y el 13°, que fue el año pasado el más cerrado del país, pues el congresista Adam Gray lo ganó por menos de 200 sufragios.
California ya no es ese símbolo de prosperidad y dinamismo. Es un experimento fracasado de socialdemocracia woke, con impuestos confiscatorios, empresas huyendo, oleadas de crimen, y una clase media que vota con los pies. Los que pueden, se mudan a Tejas o a Florida, donde al menos pueden montar un negocio, vivir con algo de tranquilidad y no estar pendientes de pronombres y tasas verdes.
Esta maniobra electoral no salvará a California. Al contrario. Hará que se hunda más rápido. Porque en vez de corregir errores, prefieren blindar el poder. Y ese poder lo están usando para convertir al que fuera el Estado más rico de EE. UU. en un laboratorio ruinoso de políticas ideológicas desconectadas de la realidad.
Los californianos que votan a los mismos de siempre acabarán siendo víctimas de su propio voto. Y cuando se den cuenta, ya habrán entregado su prosperidad a burócratas que lo único que saben hacer es empobrecer lo que tocan.




