Nowomowa escribió: Mar Jun 03, 2025 8:14 am
Menos mal que tenemos al prestigioso jurista de rodillas sucias Rubén Gisbert para explicarnos por qué un sistema donde ni él ni los que se lo creen pueden mandar sin convencer a una mayoría de la población de que no son un hatajo de gilipollas no es una democracia...
El típico sarcasmo del tío NoWoke que le brota cuando no tiene ni idea de lo que habla, pero necesita soltar alguna gracieta para no parecer que, efectivamente, no tiene ni puñetera idea del tema.
Dices que hace falta "convencer a la mayoría", pero se te olvida un pequeño detalle. En una democracia formal, la mayoría se expresa tras un proceso constituyente con separación de poderes y representación real. No en una partidocracia donde votas listas cerradas, sin poder elegir a tu representante, y donde el Ejecutivo domina al Legislativo y coloca a los jueces a dedo. Como es el caso de España, gracias a tu PSOE, principalmente, por cierto. Eso no es democracia, es una oligarquía electoral. Gisbert podrá tener las "rodillas sucias" —el tema ya está más que explicado—, pero tú tienes las tragaderas sucias de tanto comerte el cuento del "vota cada cuatro años y cállate". Tú llamas "democracia" a un sistema donde no puedes echar a tu diputado, ni elegirlo, ni fiscalizar nada. Y lo más gracioso es que crees que tienes la razón por defender este circo.
Lo de "hatajo de gilipollas" queda más cerca de quienes siguen creyendo que el bipartidismo o el progresismo globalista son mecanismos de libertad, cuando no son más que tapaderas de sumisión al poder económico. Lo que exige la democracia formal es que el pueblo tenga soberanía real. Eso es lo que os escuece a los socialistas. Vosotros nunca habéis querido tal cosa. Un sistema como el que defiende Gisbert haría que tanto a unos como a otros se os vieran las costuras. De hecho, ya se os están viendo. Por eso, los partidos tradicionales, en toda Europa, están en crisis ante el "auge de la ultraderecha". Esa "ultraderecha" no es más que gente que exige soberanía. O sea, voz y voto en lo que pasa en su país. Y no estar a expensas de lo que decidan sus oligarcas políticos, influenciados por las agendas de las élites políticas y financieras globalistas.