Desde hace casi ochenta años, la alarma sobre el retorno del fascismo resuena periódicamente. En este vídeo, analizo y reflexiono críticamente sobre el uso arbitrario del término 'fascista' en el debate público. ¿Qué entendemos por fascismo? ¿Por qué y con qué objetivos se instrumentaliza?
ÍNDICE
0:00 INTRO
2:07 EL FASCISMO COMO REALIDAD HISTÓRICA
9:03 EL FASCISMO COMO MITO
18:50 EL MITO DEL ANTIFASCISMO
21:52 AGRADECIMIENTOS
Fascismo y antifascismo: de la realidad histórica al mito
- Astur
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Fascismo y antifascismo: de la realidad histórica al mito
"La ironía no es inteligencia cuando es lo único que te queda para tapar tu vacío argumental."
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Re: Fascismo y antifascismo: de la realidad historia al mito
Los vídeos de El Gentilhombre son oro puro. 
El antifascismo militante actual es un chiste mal contado y una incoherencia ambulante. En lugar de enfrentar a sistemas autoritarios reales, se dedica a buscar "fascistas" donde no los hay, montando numeritos contra opiniones incómodas o símbolos históricos que ni entienden. Esto, más que una lucha ideológica, es una cruzada de postureo moral que sirve para justificar su existencia y captar subvenciones públicas o financiación de fundaciones globalistas, esas que promueven el "divide y vencerás".
En la práctica, estos grupos funcionan como los matones de las élites globalistas. Mientras se rasgan las vestiduras por la "opresión", ignoran completamente el autoritarismo burocrático y corporativo que domina la UE y buena parte del mundo occidental. Atacan la libertad de expresión con violencia, intimidación o cancelación, lo que los convierte en lo que dicen combatir: pequeños fascistas disfrazados de "demócratas". ¿Lo peor? Su ignorancia histórica. Hablan de "resistencia" mientras celebran políticas que convierten a Europa en un terreno de experimentación social al servicio del globalismo.
El antifascismo real murió luchando contra tiranías; este antifascismo millennial solo sabe gritar, destruir mobiliario urbano y jugar a ser héroes mientras defienden el statu quo progre que nos lleva al declive cultural, social y económico. Es el brazo armado de la "charocracia" emocional que perpetúa el desgobierno.
El antifascismo militante actual es un chiste mal contado y una incoherencia ambulante. En lugar de enfrentar a sistemas autoritarios reales, se dedica a buscar "fascistas" donde no los hay, montando numeritos contra opiniones incómodas o símbolos históricos que ni entienden. Esto, más que una lucha ideológica, es una cruzada de postureo moral que sirve para justificar su existencia y captar subvenciones públicas o financiación de fundaciones globalistas, esas que promueven el "divide y vencerás".
En la práctica, estos grupos funcionan como los matones de las élites globalistas. Mientras se rasgan las vestiduras por la "opresión", ignoran completamente el autoritarismo burocrático y corporativo que domina la UE y buena parte del mundo occidental. Atacan la libertad de expresión con violencia, intimidación o cancelación, lo que los convierte en lo que dicen combatir: pequeños fascistas disfrazados de "demócratas". ¿Lo peor? Su ignorancia histórica. Hablan de "resistencia" mientras celebran políticas que convierten a Europa en un terreno de experimentación social al servicio del globalismo.
El antifascismo real murió luchando contra tiranías; este antifascismo millennial solo sabe gritar, destruir mobiliario urbano y jugar a ser héroes mientras defienden el statu quo progre que nos lleva al declive cultural, social y económico. Es el brazo armado de la "charocracia" emocional que perpetúa el desgobierno.
"La ironía no es inteligencia cuando es lo único que te queda para tapar tu vacío argumental."