Lox escribió: Dom Dic 14, 2025 11:39 am
Los chinos q emigraron a España hace 30-20 años, también han proposperado tanto o más q China, y q España.
Eso es por algo q traían individualmente consigo y con sus familiares.
Los muy liberales!
*a día de hoy, ya no hay chinos q.quieran emigrar a Europa. Esto es un infierno para todo el q quiere montarse un negocio propio.
El futuro está dando un giro que pocos vieron venir. Mientras Europa se hunde en su propia podredumbre —una mezcla letal de multiculturalismo suicida, socialdemocracia parasitaria, crisis institucional, colapso demográfico y degeneración moral—, Iberoamérica empieza a mutar. Donde antes reinaban la corrupción, el victimismo y el estatismo —rasgos que Rienzi consideran naturales en "Latinoamérica"—, ahora asoman liderazgos fuertes, ideas claras y voluntad de cambio real.
El Salvador ya ha demostrado que se puede pasar del caos al orden con firmeza, voluntad política y cero complejos. Bukele ha barrido a las maras, ha devuelto la calle al ciudadano y ha convertido al país más violento del continente en uno de los más seguros. ¿Cómo? Aplicando la ley sin pedir perdón. Seguridad, inversión, bitcoin y patriotismo. Mientras en Europa se desarma la policía y se protege al criminal, en El Salvador se protege al ciudadano.
Argentina, tras décadas de peronismo cleptómano y populismo miserable, por fin ha dicho basta. Milei ha encendido la mecha: libre mercado, motosierra al Estado, fin de la cultura de la dádiva. Y a pesar de los lloriqueos de la casta y los parásitos, el país empieza a respirar. El dólar se estabiliza, la inflación se frena y los mercados vuelven a confiar.
Chile, que estuvo al borde de convertirse en una nueva Venezuela con Boric y su Constitución chavista, acaba de frenar en seco esa deriva. Ayer mismo, el país giró con fuerza hacia un nuevo rumbo con José Antonio Kast al frente: orden, identidad, propiedad privada, familia y nación. Lo que Europa ha despreciado, Iberoamérica comienza a redescubrir.
La paradoja es brutal. Mientras Europa agoniza por exceso de derechos, buenismo y globalismo, Iberoamérica empieza a renacer con orden, esfuerzo y liderazgo. El siglo XXI no será de Bruselas ni de Berlín. Podría ser de San Salvador, de Buenos Aires, de Santiago. Y si lo logran, será porque entendieron algo que Europa ha olvidado. Y es que sin orden, sin verdad y sin raíces, no hay futuro. Por eso Rienzi no tiene razón en sus planteamientos idealistas. Y lo más gracioso es que ni siquiera hace falta mirar a China como Estado. Basta con ver a los chinos que emigraron a Europa. Gente sin redes, sin privilegios, sin ayudas. ¿Qué hicieron? Montaron sus negocios, trabajaron como animales, ahorraron, prosperaron. ¿Por qué? Porque traían consigo una ética de esfuerzo, de ahorro, de familia y de empresa. Esos son los valores que construyen naciones, no las fantasías colectivistas sobre "la forma de sentir de los pueblos". La diferencia no está en la tierra, está en la actitud. Y por eso, hoy, ningún chino quiere venir a esta Europa podrida de burocracia, impuestos y subsidios. Porque esto ya no es tierra fértil para quien quiere crear. Esto es un infierno fiscal, moral y cultural.
Rienzi habla de "sistemas propios" como si el éxito fuera cuestión de magia étnica. El éxito llega cuando se premia el mérito, se castiga al parásito y se protege al productor. Y ese modelo lo puede aplicar cualquiera que tenga lo que hay que tener. Da igual si es en Chile, en El Salvador o en Argentina. Por eso Iberoamérica puede resurgir. Porque algunos han entendido, por fin, que el futuro no se construye con sentimentalismo, sino con cojones, verdad y orden.