
El mapa de Martín Varsavsky no se entiende solo por sus empresas. Se entiende, sobre todo, por las instituciones que enlaza. Ahí aparece el segundo gran eje de su trayectoria: la combinación de fundaciones, consejos mediáticos y plataformas de legitimación que lo sitúan en la intersección entre Estados Unidos, la Unión Europea e Israel. La mejor síntesis no la ofrece un adversario político, sino la propia empresa de la que fue consejero durante más de una década. En sus “Essentials” corporativos, Axel Springer declara cinco principios: defensa de la libertad y el Estado de derecho, apoyo al derecho de existencia del Estado de Israel, defensa de la alianza entre Estados Unidos y Europa, apoyo a la economía de mercado y rechazo del extremismo. El triángulo geopolítico no necesita demasiada interpretación: está formulado por la propia compañía.
La posición de Varsavsky dentro de ese marco no fue tangencial. Según el currículum corporativo difundido por Axel Springer, era miembro del consejo de supervisión del grupo desde 2014. Ese dato importa porque Axel Springer no es una empresa mediática cualquiera: controla cabeceras como Die Welt, Bild, Politico y Business Insider, y combina poder editorial en Europa con una fuerte implantación en Estados Unidos. La permanencia prolongada de Varsavsky en ese órgano deja de ser así un detalle biográfico y pasa a situarlo dentro de un espacio político muy concreto, definido por la alianza atlántica, el apoyo a Israel y la economía de mercado.
Esa implicación se hizo visible de forma pública en 2025. El Financial Times informó de su salida del consejo tras sus críticas a la cobertura de Politico. Varsavsky consideró incompatible esta cobertura con lo que él interpretaba como los principios editoriales de Axel Springer, especialmente en relación con Israel. Como él mismo reconoció sus posiciones se alineaban de forma explicita a las sostenidas por Elon Musk y Donald Trump.
Pocos días antes, elDiario.es había publicado que fue el propio Varsavsky quien facilitó el contacto entre Musk y la dirección de Die Welt para el artículo en el que Musk apoyó aAlternative für Deutschland.
En esa secuencia, el sujeto es siempre el mismo: Varsavsky actúa como intermediario, opera en una plataforma mediática internacional y se posiciona en un momento electoral sensible dentro de la UE.
La red, sin embargo, no comienza en 2025. Mucho antes, Varsavsky ya había tejido un circuito de legitimación institucional que ayuda a entender mejor su posición. En su biografía en español, se presenta como presidente y fundador de la Fundación Varsavsky, a la que atribuye la creación de Educ.ar en Argentina y Educarchile en Chile.
Educ.ar, es una plataforma pública de digitalización educativa que, en su evolución reciente, ha sido objeto de intervención estatal con vistas a su privatización bajo el gobierno de Javier Milei.
En la misma biografía afirma haber formado parte del consejo de la William Jefferson Clinton Foundation y de OneVoice, organización dedicada a promover una “solución negociada” entre israelíes y palestinos.
Varsavsky detalla, además, la operativa de sus vehículos de inversión. Lo relevante aquí no es cada pieza por separado, sino la combinación: educación, filantropía global, mediación en Oriente Medio, medios de comunicación e inversión tecnológica. Todo ello configura corredores de acceso a élites políticas, académicas y empresariales a ambos lados del Atlántico.
La Safe Democracy Foundation resulta especialmente reveladora dentro de ese entramado. En una entrada de su propio blog sobre la cumbre posterior al 11-M, Varsavsky escribió que, cuando Kofi Annan eligió aquella conferencia para anunciar la estrategia de Naciones Unidas contra el terrorismo de Al Qaeda, se hizo evidente la necesidad de un trabajo mucho más coordinado, “especialmente entre Europa y Estados Unidos”. Esa entrada puede leerse en su blog en inglés. El Club de Madrid confirmó por su parte que la International Summit on Democracy, Terrorism and Security fue organizada junto con la Varsavsky Foundation, y la propia web de la cumbre la presentó como un evento de Safe Democracy.
Vista en perspectiva, la fundación no fue una extravagancia filantrópica, sino una plataforma de inserción en el lenguaje estratégico del mundo atlántico posterior al 11-S y al 11-M: democracia, seguridad, terrorismo y cooperación euroatlántica.
Un breve apunte: EE. UU. contribuyó históricamente a crear guerras y vacíos de poder que favorecieron el auge yihadista de Al Qaeda quien construyó buena parte de su legitimación sobre la denuncia de la alianza entre Washington e Israel.
Estos hechos importan para entender la posición de Israel dentro del sistema Varsavsky. No porque las fuentes disponibles muestren una subordinación directa a un gobierno israelí, sino porque sí lo insertan en un ecosistema donde Israel funciona como referencia estratégica en varios planos. Axel Springer consagra el apoyo al Estado de Israel como principio corporativo en su declaración de identidad.
La propia actividad filantrópica de Varsavsky incluyó aportaciones a iniciativas relacionadas con Israel como puede verse en la entrada “The Varsavsky Foundation: Recent Contributions”, donde aparecen donaciones a Keren Haseyod – organización internacional creada en 1920 con el objetivo de recaudar fondos para el desarrollo del proyecto sionista– a la Spanish Association of Friends of the Israel Museum – poder blando- y a la iniciativa OneVoice.
En su blog, Varsavsky ha defendido abiertamente a Israel tanto en términos geopolíticos como identitarios, por ejemplo en “Debunking the Narrative: Israel as White European Colonization of the Middle East” o en la etrevustas realuzasa por Gabriel Izcovich donde llega a sostener que “Todos los judíos somos sionistas”.
En ese mismo marco de trayectorias y contextos compartidos aparece un elemento que conviene situar con precisión. La presencia de Varsavsky en la Little Black Book de Jeffrey Epstein un hecho verificable pero que no equivale a una imputación ni a una relación delictiva demostrada. Figurar en esa agenda no prueba actividad conjunta; sí indica, en cambio, proximidad o inclusión en un círculo de contactos en el que Epstein se movía con normalidad dentro de entornos de alto nivel económico, tecnológico y académico. Ese dato adquiere interés cuando se observa el tipo de redes en las que también opera Varsavsky.
Ahí aparece la figura de Joi Ito, relevante no como prueba de una relación económica demostrada sino como ilustración del tipo de ecosistema en el que ambos se movían, ya que el propio Varsavsky ha reconocido que les unía una estrecha amistad.
Ito dirigió el MIT Media Lab, institución clave en la intersección entre investigación, financiación privada y desarrollo tecnológico. Dimitió en 2019 tras revelarse que había canalizado donaciones de Epstein al laboratorio, según el informe interno del MIT y la nota oficial del instituto. En el caso de Varsavsky, la conexión relevante no es una financiación cruzada, que no aparece acreditada públicamente, ni su relación personal con Ito, sino la coincidencia en un mismo modelo de funcionamiento: universidad, capital riesgo, innovación y empresa tecnológica articulados en un solo circuito.
Por eso la clave del sistema Varsavsky no está en una sola empresa ni en una sola amistad, sino en la repetición del patrón. Sus empresas se mueven entre Estados Unidos y Europa, sus medios de referencia se alinean con la alianza atlántica y el apoyo a Israel, sus fundaciones lo conectan con seguridad y mediación internacional, y sus intervenciones públicas lo sitúan en debates estratégicos del mal llamado bloque occidental. Ese posicionamiento no es pasivo. En fechas recientes, por ejemplo, ha cargado contra Tucker Carlson por su posicionamiento ante en la cuestión iraní. Por tanto, no estamos ante un empresario que simplemente opina, sino ante un actor que participa en la disputa ideológica que acompaña a esas redes.
Visto en conjunto, el eje EE.UU.-UE-Israel no aparece aquí como una hipótesis externa impuesta al personaje, sino como el terreno concreto sobre el que se mueven sus empresas, sus medios, sus fundaciones y sus tomas de posición. El sistema Varsavsky se articula precisamente ahí: en la confluencia entre capital tecnológico, legitimación institucional, plataformas mediáticas y una visión geopolítica que enlaza a Estados Unidos, Europa e Israel como espacios complementarios de influencia.

