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El Kremlin ordena intensificar la exploración de oro, cobre, hidrocarburos y tierras raras en el este y norte del país, pero quiere que una parte creciente de esos recursos se transforme dentro de Rusia para capturar más valor industrial y empleo.
Rusia prepara una nueva ofensiva sobre una de sus mayores ventajas estratégicas: el subsuelo. Vladímir Putin ha reclamado este jueves, durante el Foro Económico Oriental de Vladivostok, multiplicar la exploración geológica en el Lejano Oriente y el Ártico, dos territorios que concentran enormes reservas pero continúan insuficientemente explorados.
El objetivo ya no consiste únicamente en extraer petróleo, gas, oro o carbón. Moscú quiere avanzar hacia una economía capaz de procesar localmente las materias primas, crear cadenas industriales completas y reducir su dependencia de centros manufactureros exteriores. Una estrategia económica que también refuerza la posición rusa en la creciente batalla mundial por los minerales críticos.
Una carrera bajo el hielo
Putin situó entre las prioridades el cobre, el carbón metalúrgico, el zinc, el hierro, el oro, los hidrocarburos y las tierras raras. El mensaje tiene una dimensión industrial evidente: garantizar reservas suficientes para sostener durante décadas sectores como la energía, la siderurgia, la química o las nuevas tecnologías.
La propia documentación del Foro Económico Oriental lleva años advirtiendo de una paradoja: el potencial mineral del Lejano Oriente y el Ártico es extraordinario, pero su nivel de exploración geológica sigue siendo reducido y desigual.
El Kremlin pretende cerrar esa brecha. Cuanto mayor sea el conocimiento sobre nuevos yacimientos, mayor será también la capacidad de Rusia para reemplazar reservas agotadas y atraer capital hacia proyectos extractivos de largo plazo.
De exportar mineral a fabricar industria
La novedad más relevante está después de la mina. Putin defendió que una proporción creciente de los recursos extraídos se transforme directamente en el Lejano Oriente y el Ártico mediante plantas metalúrgicas, petroquímicas, gasísticas o de fertilizantes.
El objetivo declarado es construir «cadenas de valor añadido» capaces de generar empleo y aumentar los ingresos fiscales regionales.
El cambio no es menor. Exportar mineral concentra el beneficio en la extracción; procesarlo permite capturar márgenes adicionales mediante refino, química avanzada, aleaciones o componentes industriales. En un escenario de sanciones occidentales y creciente competencia por materias primas estratégicas, desarrollar esa capacidad dentro del país también reduce vulnerabilidades externas.
20 billones de rublos de inversión
El giro hacia el este viene respaldado por una década de fuerte inversión. Según los datos presentados en la edición anterior del foro, las empresas habían destinado 20 billones de rublos a capital fijo en el Lejano Oriente, mientras el producto regional pasó de aproximadamente 4 billones a 11 billones de rublos durante la década.
Solo Yakutia, Amur y Sajalín concentraban alrededor del 55% de toda la inversión del distrito.
Las cifras muestran por qué Moscú considera estos territorios algo más que una periferia energética. El Kremlin busca convertirlos en una plataforma industrial orientada hacia Asia, donde China y otras economías del Pacífico concentran buena parte del crecimiento mundial de la demanda de materias primas.
Incentivos para atraer capital
La política minera se integra además en un enorme sistema de incentivos. Las autoridades rusas sostienen que los residentes de los regímenes preferenciales del Lejano Oriente y el Ártico pagaron durante una década 723.000 millones de rublos en impuestos, frente a unos 373.000 millones en ventajas fiscales. El balance presentado por Moscú arroja así alrededor de 350.000 millones de rublos positivos para las arcas públicas.
Desde el 1 de enero de 2027, Rusia pretende extender un régimen preferencial unificado a estos territorios. La apuesta busca acelerar decisiones de inversión que, en minería, pueden requerir años antes de alcanzar producción comercial.
La Ruta del Norte completa el tablero
Extraer más recursos pierde parte de su sentido económico si después resulta demasiado caro transportarlos. Por eso la estrategia minera aparece vinculada al desarrollo de la Ruta Marítima del Norte.
Putin ha fijado como objetivo convertir este corredor ártico en una vía navegable durante todo el año, apoyándose en nuevos rompehielos, barcos de clase polar e infraestructura logística.
La conexión es directa: nuevas minas, plantas de procesamiento, puertos y corredores marítimos forman parte de la misma arquitectura. Si Moscú consigue abaratar el transporte hacia Asia, los yacimientos más remotos podrían ganar viabilidad económica.
El gran reto está en la ejecución
La dimensión del proyecto también revela sus dificultades. El Ártico exige inversiones extraordinarias en energía, carreteras, puertos, vivienda y protección ambiental. A ello se añaden condiciones climáticas extremas y una creciente dependencia de tecnología disponible fuera de los mercados occidentales.
Putin prometió que la expansión minera utilizará «tecnologías limpias», una condición especialmente relevante en ecosistemas donde un accidente industrial puede provocar daños difíciles de revertir.
El diagnóstico ruso es inequívoco: disponer de minerales ya no basta. La batalla económica se decidirá sobre quién logra explorar, extraer, procesar y transportar esos recursos con mayor eficiencia. Y Moscú quiere que el Lejano Oriente y el Ártico dejen de ser únicamente una reserva estratégica para convertirse en uno de los motores industriales del país.